11 de octubre de 2015
11.10.2015
Tierra del Vino

Un kilo de harina por un kilo de pan

El boletín municipal de Corrales rinde homenaje al comercio local, que ha sobrevivido en el pueblo gracias al trato directo con los clientes

11.10.2015 | 06:10
La panadera de Corrales mete las magdalenas en el horno.

El boletín informativo municipal de Corrales del Vino rinde homenaje, en su edición número 37 y 38 al comercio local. Un comercio que ha sobrevivido gracias a la calidad del producto que ofrece y al trato directo con sus clientes, más allá de los grandes supermercados, normalmente alejados de los centros rurales y que supone un impedimento para muchas personas mayores que siguen residiendo en el pueblo y que mantienen cubiertas sus necesidades con la oferta de los tenderos locales.

Y como referencia toma dos firmas consolidadas y con reconocido buen hacer no solamente entre los paisanos de Corrales sino en los pueblos de alrededor. Es el caso de la Panadería Hermanos Coomonte, que se abrió en el año 1953 en Corrales, aunque la tradición familiar en este gremio venía de largo, ya que los abuelos conocían el oficio en Benavente y Sahagún de Campos. Su despacho de pan primero estuvo situado en la calle de las Mosquetas, aunque más tarde en 1957 se trasladarían al Poal comprando casa y local por 85.000 pesetas.

En 1960 muere su padre, Pedro Coomonte, y los hermanos junto a su madre se encargarían de la panadería. Más tarde a partir de 1970 es cuando se quedan ya solos Gustavo y Luis y cuando se casan, sus mujeres Pepita y Pili trabajarían junto a ellos. Como cuenta Luis Coomonte, antiguamente, la gente hacía el pan en casa y utilizaba la panadería solo para el proceso de cocción o bien cambiaban un kilo de harina por un kilo de pan. Por aquel entonces la desaparecida fabrica de pastas y turrones, Villaseco, cocía en la panadería de los Hermanos Coomonte sus dulces y se les cobraba 25 pesetas por lata.

Los dulces se empezaron a hacer cuando en las matanzas sobraba manteca y la madre de Luis, Gustavo, Juanito y Mª Luisa decidió sacar provecho de ello. Tal fue el éxito que a raíz de aquello, los dulces eran una marca distintiva del despacho y en fiestas como Navidad, Semana Santa o El Cristo se hacían en gran cantidad. Luis recuerda, "todo el mundo se acercaba a la panadería, había tanto jaleo que incluso mi hermana Angelines, a la que se le daba muy bien hacer los moldes de papel de las magdalenas, tenía que ausentarse, en estas ocasiones, de la escuela".

Luis Coomonte lleva siete años jubilado, pero sus descendientes no han dejado que se pierda esta tradición arraigada desde hace tantos años. En la actualidad Faustino, Mercedes, Luis Daniel y Emma se encargan del negocio.

Otro de los establecimientos destacados en el autoservicio La Plata. En 1979 existían en Corrales del Vino ocho tiendas dedicadas a la alimentación. La tienda de Raquel, la de Germán, la de Tomás, la de Tolo, la de Feli, la de Gilda, la de Clemente y la de La Gadañera. Frente a estos negocios de carácter tradicional nace una idea innovadora, el 12 de junio de 1979, el joven Leonardo Gamazo abrió su establecimiento bajo el nombre de autoservicio La Plata que contaba en sus estantes con productos de alimentación, congelados y productos de droguería.

El primer emplazamiento fue en la Calle La Gavia, 12. Su padre trabajaba por aquel entonces en la construcción y fue su madre la que, junto a él, se puso manos a la obra para sacar adelante de esta moderna forma de comercio. En su segundo aniversario, el establecimiento La Plata, tras la concesión de estanco (1980) se haría con las quinielas de fútbol tras el cierre del Bar Peña dirigido por Alfredo.

Ya en el año 1993 se introdujeron nuevos productos como fue la sección cárnica, creada por las necesidades de los clientes. Además se aumentó la oferta con frutas y verduras. Leonardo decidió cambiar de enclave su comercio, en 1995, y se desplazó a la sede de la antigua tienda de Gilda y Alfonso en La Plaza Mayor de Corrales, llamada Plaza del Generalísimo; primero en alquiler y, posteriormente en propiedad.

Durante estos años en Zamora se abren ya grandes y medianas superficies que hacen cambiar las fórmulas de negocio; las tiendas de los pueblos quedaron ya para otro tipo de servicio. Se trata de un servicio más personal con mayor abundancia de productos perecederos para cubrir las pérdidas.

Desde el año 1995 hasta la actualidad se siguen ofreciendo los mismos servicios, los productos más vendidos son la fruta y la charcutería que se incrementa considerablemente, en la época estival como consecuencia del aumento de población.

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