Sanabria-La Carballeda

El agua retiene a la patrona en el altar

Más de un millar de personas participan en la romería de la Virgen de los Remedios de Otero, aunque este año la lluvia impidió la salida de la procesión por los alrededores del santuario

05.10.2015 | 06:10

Más de un millar de personas participaron ayer en los actos centrales de la patrona de la comarca de Sanabria, Nuestra Señora la Virgen de los Remedios, en su santuario de Otero de Sanabria. La lluvia restó afluencia e impidió la salida de la procesión, pero no aguó ni la devoción ni la emotividad ante la patrona de las tierras del noroeste. La interpretación de La Salve, entonada por el coro parroquial de Otero y Puebla, puso punto y final a la ceremonia en el interior del templo, para dar turno a los fieles a presentarse ante la imagen para besar su medalla. Engalanada en blanco y oro, la patrona en su trono se llevó las oraciones y los piropos. "¡Mira que es bonita!" dejaba escapar una mujer ante la imagen.

El vicario del clero del Obispado de Astorga, Ricardo Fuertes Vega, ofició la misa concelebrada con los sacerdotes de la comarca y en la que recordó el ejemplo de santa Teresa de Jesús en la conmemoración de su V Centenario. La santa, convertida en doctora de la Iglesia y reformadora de la orden del Carmelo "la mujer no tenía ninguna significación social, y por su condición de mujer desafió al rey, al nuncio, al clero" volcándose en la fundación de monasterios. Al igual que la doctora de la Iglesia en su tiempo "nosotros, los cristianos, vivimos a contracorriente como santa Teresa". Señaló la actual persecución fácil a la religión cristiana y los ataques al papa Francisco. Animó a los fieles a seguir "la brújula del Evangelio" y a releer las obras de santa Teresa, aunque haya finalizado la conmemoración de su V Centenario.

El cabildo del templo sirvió de refugio a decenas de personas que siguieron la misa desde el exterior en una mañana de paraguas y pocos puestos en el mercado de productos. "No es día de avellanas", afirmaba una de las vendedoras de frutos secos en la bajada al templo. Más cerca de la carretera, los puestos de paraguas estaban más animados en una jornada desapacible.

No hay mal que por bien no venga, y de este modo el agua hizo pasar la prueba al nuevo techado del crucero de la nave, recién reparada. Y el agua también llega tarde, pero llega, para hacer proliferar la cosecha de setas y la venta de cestas. El cestero de Mahíde, Tomás Domínguez, fue uno de los pocos vendedores que asistió a la romería, con su modelo argentino de cestas, que aprendió a trabajar de su padre. A todos los clientes que se acercaban a ver las cestas les explicaba el secreto de su resistencia con las 24 líneas de mimbres, recogidas en su luna, y puestas a secar como manda el oficio. Pero lo llamativo era su asa gruesa y retorcida como una soga, pero de mimbres. Cestas polivalentes que tras cosechar setas, lo mismo atraen castañas, que nueces, que manzanas.

La sopa de lluvia contó con un segundo plato del agrado generalizado, un buen pulpo, aunque el agua dulce echó para atrás a más de una pulpera que se perdió la feria.

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