Berrea y furtivismo a la vera del Tera

Vecinos de Valparaíso y de Fresno de la Carballeda, que siguen de cerca el espectáculo amoroso de los ciervos, denuncian la aparición de venados decapitados en el campo

03.10.2015 | 06:10

Al espectáculo que protagonizan estas fechas los ciervos coronados con sus mejores astas y trofeos, y que por la encendida pasión que les atiza son protagonistas del sonoro concierto de la berrea, que a tantos turistas y curiosos atrae y echa a los montes de Sanabria y Carballeda, hay que sumar estos días el negro fenómeno del furtivismo.

Los broncos bramidos son, a veces, acallados por tiros blancos y también por los llamados negros, que siembran el paisaje de cadáveres de venados, cuyos cuerpos atraen a carroñeros de todo pico y colmillo. Algunos tan visibles como los buitres.

Los vecindarios de Valparaíso y Fresno de la Carballeda han encontrado en sus respectivos bosques al menos tres ciervos abatidos, más un cuarto ejemplar que han visto deambular malherido en una pata, y una hembra de corta edad que apareció muerta cerca del embalse, aunque en este caso no por arma de fuego.

Estos presumibles delitos contra la fauna silvestre no pasan desapercibidos porque los cadáveres quedan tirados en lugares visibles y de fácil acceso, donde fueron ejecutados y rápidamente decapitados con la única finalidad de apropiarse de la cabeza y de la majestuosa cuerna que lucen los machos más granados de la noble especie.

Con frecuencia dan fe de estos episodios los bandos de buitres, que se hacen visibles a kilómetros de distancia al planear en siniestros círculo sobre el escenario del crimen, donde yacen los restos del infortunado. Estas poderosas aves han hallado estos días en Valparaíso y Fresno de la Carballeda cebo suficiente para llenar sus buches, aunque sea, como es habitual en la especie, a la greña de unos con otros.

Los vecinos denuncian que se trata de prácticas de caza ilegales, ya que en ninguno de los dos pueblos está constituido coto cinegético alguno, y que por tanto permanecen como vedados, aunque constaran como territorios cinegéticos en temporadas anteriores.

Los terrenos tampoco forman parte de la Reserva Regional de Caza de la Sierra de la Culebra.

Los ciervos, en su afán de conquistar hembras, se exponen estas calendas sin recato y se dejan ver en cualquier momento del día, y por si fuera poco se hacen notar al lanzar al aire el "do" de pecho al máximo de sus pulmones y capacidades. Es una imagen que los amantes de la naturaleza y de la fauna siguen de cerca y extasiados en cientos de pagos montunos de Sanabria y Carballeda.

A las cinco de la tarde de anteayer dos machos pululaban celosos alrededor del embalse de Valparaíso, mientras otros dos ejemplares berreaban ardorosos reclamando su territorio. Dicen los vecinos "que no han enmudecido en todo el día", y posiblemente mantendrán la cantinela toda la noche. Un par de hembras salen a plena luz de entre la maleza. Aprovechan zonas de alimento que los machos intentan controlar para asegurarse las medias naranjas.

Los buitres vuelan raso entre las matas de roble, sin alejarse mucho del plato, porque no quieren perder la gran presa que los disparos pusieron en su merced. La putrefacción del cadáver, tras dos días tendido al sol, se ha acelerado por el calor, pero es el banquete de las carroñeras lo que realmente consume, en unas horas, el cuerpo de la pieza, hasta dejarla en los puros huesos.

Al ser terrenos no cinegéticos, vecinos de la zona y de los pueblos cercanos pasean para ver y disfrutar de la berrea, o para intentar coger setas sin sobresaltos.

"Al tercer año de estar aquí, ya me cansé de oírlos" afirma un vecino de Valparaíso, afincado en el pueblo, y al que las primeras berreas llaman la atención. Los ciervos compiten en la voz, y también en fortaleza. Basta oír cómo chocan sus luchaderas, aunque sea contra las ramas. Golpean con fiereza sus herramientas cuando no alzan orgullosos la cabeza para lanzar su clamorosa llamada.

Lo que para unos es un espectáculo de la selección de especies, para otros es un ruido "hasta molesto", audible desde cualquier rincón del casco urbano. Cuando oye los ciervos cerca de casa, al vecino le asaltan otros pensamientos. El primero, el riesgo de accidentes de coche en las carreteras locales con estos animales. El segundo pensamiento, los desaguisados en los huertos alrededor del pueblo. "Este año tenía los guisantes sin cavar y ni se acercaron. Fue limpiarlos y los comieron sin dejar uno siquiera". A la vecina le comieron las berzas, pero las acelgas del huerto cercano se libraron de puro milagro.

El oscurecer es uno de los momentos querenciales de los ciervos, cuando reclaman su territorio en las sierras o en los mismos alrededores de pueblos como Cional, Villardeciervos, Valparaíso, Palacios, Entrepeñas, Linarejos, incluso Rionegro del Puente, Peque?

No son los venados una especie que habite recluido en las espesuras y de forma selvática, han colonizado los extrarradios de la Reserva de la Culebra y los mismos prados que fueron el santuario de la ganadería doméstica. Todo les parece poco territorio para comer y enseñorearse. No todos exponen su figura para mostrar el ramaje de sus cuernas y amar. Algunos salen al escaparate natural para morir de modo artero.

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