Sayago

Pereruela, el pueblo embajador del barro

La feria Alfareruela aspira a ser el "trampolín" que haga de la alfarería un referente nacional en un municipio con diez talleres que generan casi un centenar de trabajos directos e indirectos

30.08.2015 | 11:29

Pereruela se reivindica como municipio embajador del barro. Con una decena de talleres y la generación de casi un centenar de puestos de trabajo directos en indirectos, según los datos revelados por la presidenta de la Diputación, Mayte Martín Pozo, la localidad sayaguesa defiende este potencial económico y su tradición alfarera como un motor de desarrollo de la puerta de los Arribes. Por ello Alfareruela, que ha alcanzado su séptima edición, "debe ser un trampolín que haga de la alfarería de Pereruela un referente nacional e internacional", proclamó Martín Pozo durante la inauguración de la feria celebrada ayer y organizada por la Diputación y el Ayuntamiento.

Un certamen que se ha presentado con récord de participación, 17 expositores, 8 de ellos de Pereruela y el resto de Zamora, León, Salamanca, Cáceres y Portugal. La plaza del Ayuntamiento volvió a transformarse en un gran alfar donde todo tipo de cacharros estaban a la venta en un jornada muy calurosa dedicada a la exaltación del barro y las manos artesanas que obran el milagro de darlo forma. "Qué hubiese sido de la humanidad si no hubiera existido un alfarero" expresó un apasionado Javier Pérez Andrés, periodista, divulgador de los productos de la tierra y confeso enamorado de Sayago, "una comarca que es un museo a la intemperie". En su pregón recordó a las mujeres "que de rodillas hicieron el barro en este pueblo", con especial referencia a Felicidad, "la más mayor". Pérez Andrés reivindicó el barro "como parte de nuestra cultura" e icono de un legado con 2.000 años de historia después de los cuales "aquí seguís haciendo el mismo oficio, que es honesto y rentable"

Como anfitrión de Alfareruela, el alcalde Jesús Carnero defendió el "atractivo" de la feria pero a la vez recordó que "necesita cuidados para que no decaiga". Aseguró que el barro y el caolín "se han convertido en motor económico del pueblo, gracias al sacrificio de los vecinos y el esfuerzo creando puestos de trabajo y asentando población". Para Carnero, "en la sencillez del trabajo de los alfareros está la grandeza de los cacharros" y pidió el apoyo de todas las instituciones; "necesitamos emprendedores que se comprometan con nuestro pueblo".

Como es tradición Alfareruela entregó los premios a los tres mejores cacharros valorados por el jurado. Esta vez el primero, dotado con 400 euros, se quedó en la tierra. Fue para el alfarero local Víctor Redondo, por la pieza "Hornilla", hoy prácticamente desconocida pero utilizada antiguamente como el precedente del horno. El artesano, que aprendió el oficio de su madre Pepa Tamame, valoró Alfareruela como "un escaparate digno de tener en cuenta porque es una representación de lo que hacernos". Víctor Redondo apostó también por garantizar el relevo en el oficio a través de un "taller escuela en el que se enseñe a los jóvenes porque hay que mirar al futuro". El segundo premio, dotado con 200 euros, fue para la pieza "Cántaro", de la alfarería de Muelas del Pan. Y el tercero, con 100 euros, para "Cántaro de agua" elaborado por la alfarería Arroyo de la Luz, de Cáceres.

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