Sayago

Insólito parto múltiple en Villar del Buey

Una vaca de la ganadería de Emilio Benéitez da a luz a cuatro terneras, la primera de ellas muerta l Es una rareza que ni los más mayores de la zona han conocido

 12:49  
La madre junto a las tres crías vivas y el cadáver de la que se malogró.
La madre junto a las tres crías vivas y el cadáver de la que se malogró.   Foto Ana Granadilla
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IRENE GÓMEZ
«Que ha sido una cabra Emilio, que ha sido una cabra». Cuando Emilio Benéitez, ganadero de Villar del Buey, le contaba ayer a un veterinario en Bermillo que una de sus vacas había parido cuatro terneras, el técnico no daba crédito. Ni él ni muchos mayores del pueblo que toda la vida han estado con ganado y jamás han vivido un caso de semejante de nacimiento múltiple.

Emilio y su mujer, Ángela Martín, ya pueden contar que en sus 35 años de experiencia con el ganado ha sido «Chabeli» de seis años, una de las madres nacida en la finca de un cruce de charolés y limusina, la que ha protagonizado tan insólito acontecimiento. Cuatro terneras de apenas 30 kilos cada una, la primera de ellas muerta, llegaron al mundo a lo largo de la tarde del pasado martes. Es el cuarto parto de una vaca que ya ha sobradas muestras de su fertilidad pues en el segundo parió dos crías, lo cual ya es singular, y fruto de una monta natural, nada de inseminación artificial.

«Yo tenía sospechas de ella porque es una vaca que con un ternero no se entera de nada y cuando en otro parto trajo dos, le creció el pelo. Como la había visto que en los últimos dos meses la creció pensé, trae dos. Cuando (el martes) a las tres de la tarde vi que estaba la vaca movida dije, hay que encerrarla para que no se escape porque luego no la encuentro» cuenta Ángela, toda una experta en estas lides.

Ya recogida en la cortina, «Chabeli» expulsó las dos primeras crías, la primera muerta, y así las encontraron los ganaderos cuando volvieron a media tarde a la finca. «Pero yo veía que a la vaca le había quedado mucho cuerpo y dije, algo pasa -relata Ángela-. El animal se pone con más dolores, vienen más contracciones, se acuesta y yo le meto la mano, se me levanta y veo que tiene otras patas, pero muy lejos». Tanto, que metió el brazo hasta el hombro. Algo pasaba. Mientras ella se quedaba con su yerno en la finca, su marido y su hija marcharon a por unas cuerdas para enlazarla. Eran las ocho; con la noche encima, la familia lucha por ayudar a la vaca, hasta echaron mano de unos primos. Ya no dio tiempo a nada; cuando quisieron llegar, Ángela y su yerno ya habían conseguido que la madre culminara el parto múltiple con dos nuevas crías.

«Cuando la vaca ya me dejó veo que vienen las manos de una y las patas de otra, pensé que era una sola pero que venía doblada. Intento forzar para que el colgadero se meta para dentro y poder sacar las manos, y cuando ya tengo espacio veo que sale otro», cuenta la improvisada asistenta.

La parturienta sangraba bastante, estaba muy cansada, nada extraño después de un nacimiento de cuatrillizas. Las dos últimas terneras «pensé que estaban muertas, nacieron muy ahogadas y había que soplarlas mucho. Mi yerno, con su fuerza, las enganchó y las puso boca abajo para que salieran las flemas porque habían tragado muchas y nada más que empezaron a respirar bien en seguida las atendió la vaca». Cuando llegó el resto de la familia no daban crédito a lo que tenían ante sus ojos. Aquello era una fiesta, un extraordinario acontecimiento, toda una rareza según reconocen los técnicos en la materia.

Y ayer, a lo largo de todo el día no faltaron curiosos que se acercaron hasta el paraje de San Isidro para observar a las tres ternerillas que gozan de buena salud. Las idas y venidas de la familia se suceden. La noche del parto, a las doce ya tenían preparada la paja en el cobertizo para que las crías pasaran su primera noche calentitas y apoyadas con el alimento del primer biberón. Ayer por la mañana recibieron el segundo y mamaron otro poco de la madre. Volvieron a última hora de la mañana y por la tarde y al ocaso.

«Este oficio tiene sus malos ratos y sus disgustos, pero la ilusión que pasamos ayer compensa todo» apunta Emilio, esta vez un poco en segundo plano debido a una reciente operación de cataratas. «Yo soy el ganadero pero mi mujer vale muy bien para atenderlas, lo fuerte lo hago yo pero lo minucioso es para ella». Y así fue, sin ayuda del veterinario, Ángela apoyada por su yerno logró traer al mundo a las dos últimas hembras que por sorpresa guardaba «Chabeli».

Con sus apenas 30 kilos -«muy pequeñitas; hemos tenido algún becerro con 70», puntualiza Emilio Benéitez- las tres supervivientes buscaron en seguida las ubres para mamar de la madre. «Las he puesto vitaminas, mañana (por hoy) les pondré un poco de selenio y ya está» cuenta resulta Ángela que ha demostrado haber aprendido mucho a lo largo de estos años. «Tenemos una veterinaria muy buena de Vitigudino, Mar, que sido una gran maestra durante muchos años, me ha dado muchas lecciones. La llamé anoche (el día del parto) y me vio tan emocionada que me dice «ni que los hubieras parido tú». Contaba que ha asistido a muchos partos y nunca se le ha dado un caso así» cuenta Ángela todavía emocionada apenas veinticuatro horas después del extraordinario acontecimiento.

Tanto ha llamado la atención el caso que Almudena, la hija del matrimonio, se apresuró en seguida a consultar en internet partos similares. «Solo hemos encontrado un caso en Galicia el año pasado y también en Rusia -indica Emilio-, pero desde luego, por aquí, a todo el mundo le ha extrañado».

Ahora todos los desvelos de la familia se concentran en sacar adelante a las tres crías. «Dentro de unos días llevaremos dos para casa y otra se quedará con la madre, es que está machacada» cuenta Ángela. A todos les queda la pena de la cría que se malogró. «Mira que sobran pero hubiera sido precioso ver a las cuatro», se sincera el ganadero sin ocultar el orgullo y la emoción que le ha proporcionado una de sus 80 madres.

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