Cuando la memoria emerge

Los antiguos vecinos de Argusino aprovechan el bajo nivel del embalse para visitar por primera vez el pueblo sepultado por las aguas a mayor gloria de la energía hidroeléctrica

 12:56  
Ruinas de las casas, corrales y construcciones del pueblo de Argusino con el embalse de Almendra al fondo.
Ruinas de las casas, corrales y construcciones del pueblo de Argusino con el embalse de Almendra al fondo. Foto Encarna Mateos

JUDIT CALVO Solo agua y piedra en el horizonte de lo que un día fue Argusino. La bajada de la cota del embalse de Almendra ha dejado al descubierto lo que ni los más longevos del lugar recuerdan, que las aguas hayan sacado a la luz por primera vez en la historia los restos del pueblo que el pantano cubrió hace 45 años.
Las calles siguen trazadas en el camino que lleva a Argusino, donde a ambos lados las viviendas, las cuadras o los palomares solo se intuyen en la maraña de piedras que dejaron tras de sí los vecinos, que derrumbaron sus posesiones antes de abandonar su pueblo para siempre. Un dintel aquí, el escalón de acceso a una vivienda un poco más allá, varias pilas donde bebían los animales o se lavaban sus dueños? cada paso por las ruinas es un pequeño museo de la vida diaria del municipio, que conserva intacto su antiguo esplendor en varias eras perfectamente empedradas donde los vecinos trillaban los cereales.
Ha tenido que llegar el año 2012, el más seco del último medio siglo en la cuenca del Duero, para que Argusino emerja de las aguas. La sequía que ha azotado el país, junto a la demanda en alza de la energía hidroeléctrica que produce la central, ha rebajado el nivel del embalse hasta niveles nunca vistos. A pesar de que muchos relacionan la bajada de las aguas con trabajos de reparación de la presa, desde Iberdrola explican que se ha realizado una revisión programada de la compuerta de embalsado hasta la semana pasada, pero que nada tiene que ver con el nivel del agua. Son buzos los que han realizado los trabajos, por lo que la cota no ha influido para poder llevarlos a cabo.
Que aumente o disminuya el nivel de las aguas depende de las lluvias y en gran medida de la demanda de energía. «El embalse de Almendra, así como el resto de aprovechamientos hidroeléctricos titularidad de Iberdrola, está sujeto a una explotación condicionada por las necesidades del sistema eléctrico nacional», aseguran desde la empresa, que relaciona el descenso excepcional del nivel con una producción de energía hidroeléctrica al alza, debido a que el resto de fuentes ( eólica, nuclear, térmica, etc.) no están produciendo al mismo ritmo que demanda la red nacional.
A pesar del descenso, el volumen de agua almacenado es en la actualidad de unos 900 millones de metros cúbicos, lo que supone, por ejemplo, un 80% del volumen máximo que puede almacenar el embalse de Ricobayo, también en la provincia de Zamora.
La enorme extensión del embalse de Almendra, uno de los más grandes de España, provoca que en su historia no se haya tenido que recurrir a la apertura de las compuertas de la presa. El agua que se libera y que se puede ver caer hacia Portugal es la que sobra del proceso de producción de energía. Una vez que no se le puede sacar más provecho hidroeléctrico, el sobrante se desecha, confundiéndose en ocasiones con un desembalse que nunca se ha necesitado por no llegar al máximo, según confirman desde Iberdrola.
La noticia de que puede verse Argusino es un acontecimiento en la zona, por lo que vecinos de los pueblos aledaños, curiosos y antiguos moradores visitan estos días las ruinas del municipio. Son muchos los que no quieren perderse lo que puede que no se vuelva a ver, pero también los hay que evitan volver la vista atrás. «Id vosotros, yo ya estuve cuando había algo que admirar», le comenta una descendiente de Argusino a sus hijos, que la animaban a visitarlo.
Mientras las flores plagan el antiguo cementerio de la localidad, sepultado bajo una losa del hormigón desde septiembre de 1967, y los familiares se acercan al pie de las tumbas de sus antepasados, otros prefieren mantener el recuerdo de los buenos tiempos, cuando el pueblo presumía de fértiles tierras, y no de un mar de lodo y arena, y disponía de sólidas casas piedra en lugar de un cúmulo de rocas venidas a menos.
Como resistiéndose al paso del tiempo y al olvido, las viñas que salpicaban el paisaje del arribanzo siguen hoy en el lugar donde las manos de los sayagueses extraían su fruto, creando un paisaje fantasmagórico con las encinas y los árboles frutales convertidos en meros troncos podridos por la humedad.
Comentan que al menos uno de cada familia falleció de pena tras el desahucio de un pueblo que disfrutaba de paisajes envidiables, ricas huertas y zonas de caza, y que el pueblo era el primero de unos Arribes que empezaban a despuntar y en el que se cultivaba en mimadas terrazas.
Un sentimiento de desasosiego se apodera del visitante que intenta mantener el equilibrio mientras camina por encima de las ruinas empapadas de las antiguas viviendas de los vecinos del pueblo. Calma y silencio en un paisaje de rocas lavadas y vegetación inexistente, que perdió hace décadas la batalla por la supervivencia. Este año se recuerda más que nunca al pueblo que quedó bajo las aguas y que todos los años, el primer domingo de mayo, tiene su romería en el calendario.
El agua que sepultó Argusino junto con la ilusión de sus moradores, permite casi medio siglo después volver a pisar sus calles y, con un ingente ejercicio de imaginación, devolver la vida a las huertas, las tierras, las casas y los corrales en los que hasta hace 45 años discurría el día a día de unos vecinos que no olvidan lo que dejaron atrás y las condiciones (casi míseras) en las que cogieron sus pertenencias para no volver. Hasta ahora.

Enlaces recomendados: Premios Cine