Sayago | Emprendedores del medio rural

«Con el pesimismo no se llega a ningún sitio»

Cuatro empresarios de Bermillo relatan su experiencia y ofrecen una visión positiva al duro momento

 19:47  
«Con el pesimismo no se llega a ningún sitio»
«Con el pesimismo no se llega a ningún sitio» 

IRENE GÓMEZ Corren malos tiempos, pero con el pesimismo no se llega a ningún sitio. Tal es la filosofía que mueve a estos cuatro empresarios del medio rural. Podrían ser otros. Álvaro, Gemma, Isaac y Justo trabajan en Bermillo por cuenta propia. Unos cargan solos con su propio negocio, otros han generado trabajo. Son autónomos, emprendedores, asumen riesgos y miran hacia adelante. Un soplo de aire fresco en tan abrumador momento. Madera de héroes. La sociedad ansía mensajes positivos y aunque no obvian las dificultades, apuestan por tirar para adelante. «Mejor o peor saldremos de ésta».
Álvaro San León pertenece a la hoy extraña casta que podría calificarse de «reemprendedores». Después de trece años con la tienda de fotografía se embarcó en un segundo negocio: un granja de cebo de pollos. «Cuando empezó a flojear la fotografía analógica, me puse al día con la digital pero cada vez hay menos gente. Tenía que buscar algo nuevo». Tras dar vueltas, estudiar posibilidades, viabilidad, costes ... se echó la manta a la cabeza y «sin ayuda de ningún tipo» comenzó una nueva aventura que, «de momento no va mal».
Si algo caracteriza a estos cuatro autónomos es su visión positiva. «Con el pesimismo no se llega a ningún sitio» sentencia Gemma Armada, una joven periodista de origen sayagués por parte de madre y de padre catalán. Después de hacer un poco de todo: camarera, periodista, canguro... «al final pensé que me tenía que plantear algo más seguro».
Aprovechando la formación de su padre en acupuntura y «como además siempre me ha tirado la tierra» dejó Barcelona y montó un herbolario en Bermillo con los tratamientos naturales. Tienen clientes de Salamanca, Valladolid, pueblos de la zona y bastantes portugueses.
«De momento nos va bien. La crisis se nota pero yo lo que más percibo es el miedo de la gente, aunque creo que en temas de salud algo menos porque si te duele algo mucho apuras, tardas en ir más tiempo pero acabas yendo. En nuestro caso, igual un tratamiento que durar cinco días, pues el cliente lo acorta a tres. Se afina más a la hora de gastarse el dinero».
La misma sensación que tiene Justo González, con una experiencia de cinco años como autónomo. A los 27 abrió un establecimiento de productos de la tierra. ¿Por qué este negocio?. «Siempre me he criado aquí y pensé que había unos diez o doce elaboradores de productos pero ninguna tienda para venderlos. En ese momento todo lo de la tierra tenía mucho auge y empezó fuerte».
Aunque llevan hablando de la crisis desde hace ya cuatro años, este joven empresario asegura que el gran bajón en la comarca se está notando en 2012, aunque 2011 ya dio malas señales. «El año pasado la clientela era prácticamente igual pero bajó la facturación, se dejaba mucho menos dinero». Aún así, Justo no deja de mirar para adelante; «va a ser complicado pero hay que seguir».
Más recorrido tiene Isaac Macías, pionero de la asociación de empresarios de la comarca de la que fue su primer presidente. Lleva 22 años al frente de una asesoría jurídica que montó nada más terminar la carrera y en la que trabajan cuatro personas con él. «Las cosas han cambiado mucho desde que empecé, pero a mejor, lo que pasa es que nos siguen faltando las infraestructuras y así es muy difícil avanzar». Lo sabe muy bien quien desde hace casi dos décadas lleva luchando por avances para Sayago que a día de hoy en muchos casos siguen pendientes. Carreteras, telecomunicaciones, internet...
Con especial ilusión observa el más veterano la savia nueva de emprendedores, algunos de la tierra y otros de retorno al pueblo de sus padres o abuelos. «Hay gente joven que ha puesto pequeños negocios y son los que dan vida a esta zona; no solo aquí sino en todo el país porque el 85 por ciento de los puestos de trabajo los dan las pymes y micropymes».
Otra cosa son los desvelos y luchas diarias de quien ha arriesgado su capital, y el que no tiene, para abrir un negocio. Y aunque todos coinciden en que la crisis ha tardado más en llegar a Zamora y a Sayago; «aquí no hay grandes industrias y grandes altibajos, pero también tardaremos más en salir», augura Macías, quien por otro lado defiende la cada vez más extendida creencia de que «la salvación de esta crisis es el medio rural. Pasó en Francia, lo que pasa es que allí el gobierno les dotó de infraestructuras; o en Argentina, con los grandes mercados de trabajo arruinados. Y aquí se dan cosas incongruentes; cómo puede ser que sin tener implantada la banda ancha en todo el territorio hayan desaparecido los boletines en papel. ¿Qué pasa con aquel empresario o autónomo que no tiene acceso a internet, cómo los consulta?. Porque aquí en Bermillo somos unos afortunados, la banda ancha funciona bien, pero no pasa lo mismo con otros pueblos».
Y hay muchas otras cosas que los emprendedores echan de menos. Justo González una mayor promoción de los Arribes del Duero «que nos beneficie a todos los empresarios de esta zona. Es un paisaje precioso, muy singular pero ves tres reportajes en La 2 cada no se cuántos años y se creen que con eso está».
Gemma Armada demanda «más iniciativa, entre los jóvenes hay bastante inmovilismo. Por ejemplo, me parece vergonzoso que las casas más cercanas de productos naturales estén en Soria, donde han montado un jardín empresarial. Con la cantidad de productos naturales y terreno que hay aquí, tanta gente en paro y luego ves que no hay iniciativa para hacer nada». Especialmente frustrada se muestra esta joven con unas señoras que, emocionadas tras hacer un curso de plantas medicinales, se planteaban montar un secadero. «Yo las aplaudía y además podíamos colaborar porque nosotros les ayudábamos a comercializar pero no ha salido nada».
No todo el mundo tiene el arrojo, casi se podría llamar hoy osadía, de abrir una empresa por pequeña que sea. Porque trabas y dificultades hay. «A mi no me han ayudado ni los bancos ni la Junta —se sincera Álvaro—. No tuve ninguna subvención para hacer la nave de pollos. A pelo. Algún banco me soltó que ellos de asuntos ganaderos no querían saber nada y con otro todavía estoy esperando a que me responda».
De los grupos de acción local y las administraciones en general tampoco salen alabanzas. «Yo creo que de cada diez euros que han sacado de subvenciones para crear empleo en el medio rural, a lo mejor ha llegado uno y medio o dos», cuenta Justo. Y a Gemma casi que la tomaron por loca cuando contó su proyecto del herbolario y acupuntura. «A la gente que intenta hacer cosas un poco distintas le sacan cantares».
«Nosotros arriesgamos para poner el negocio, generar trabajo y riqueza; deberían preocuparse un poco por promocionar nuestros productos, porque a veces hasta parece que te ponen mala cara», cuenta Álvaro San León para quien quiera escuchar o darse por aludido.
Pero ellos tiran contra viento y marea. Advierten que no son partidarios de las subvenciones directas. «Yo se que subvencionar es la producción. Que me quiten las subvenciones pero que me paguen los productos en su medida», sentencia Justo con la conformidad de los demás.
«Es que en un negocio pequeño empiezas a echar números y te asustas de los gastos que salen al mes, casi la mitad para el Estado; es una verdadera carga. En las grandes empresas antes había una oficina donde acudir o venía un señor, pero es que ahora tienes que una queja o una consulta por el teléfono y te sale un tío desde América. ¡Pero es que no nos pueden atender aquí en condiciones!. No entiendo por qué consienten eso. Nos comen a impuestos para que luego lleguen cincuenta mangantes de los ERE o Mallorca... Mientras no devuelvan el dinero que se pudran en la cárcel», se desahoga el joven Justo González.
En realidad verbaliza un sentir general de indignación contra tanto desmán que ahora paga el ciudadano de pie. «Que modifiquen el Código Penal y el que meta dinero en la caja que no tenga beneficio penitenciario en tanto no lo devuelva», abunda Macías.
Lo que parecen tener claro es que «freír» a impuestos puede tener un efecto contrario al esperado. «Si me van a subir el gasoil, en vez de ir al embalse con el coche, me cojo la bici. Y si antes iba a Madrid dos veces, pues ahora no voy y me quedo tan a gusto. O sea que si piensan que van a recaudar más creo que se equivocan», expresa Justo González. El subidón de los combustibles hace que la gente se busque fórmulas de ahorro. «Ahora vienen en un coche dos o tres personas juntas, sobre todo portugueses», apunta Gemma.

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