IRENE GÓMEZ
El 2 de febrero de 1971 se firmaba en la ciudad iraní de Ramsar el Convenio sobre Humedales, primer tratado intergubernamental en pro de la conservación y el uso racional de este tipo de ecosistemas. La Reserva de las Lagunas de Villafáfila es uno de los 68 sitios acogidos a la llamada Convención Ramsar en España y como tal renueva su singularidad e importancia medioambiental cada 2 de febrero.
Ayer -un día después de la jornada mundial por adaptarse al nuevo horario de apertura que se limita a viernes, sábados y domingos-, la Casa del Parque organizaba una jornada de anillamiento de aves. Una práctica que en Europa se realiza desde hace medio siglo y en las Lagunas de Villafáfila comenzó en el año 2004.
La actividad, abierta a todo el mundo, permitió conocer de cerca el marcaje de aves en uno de los pasos migratorios más importantes de la península. Sin embargo fueron contadas las personas que se acercaron a la Reserva, quizás retraídas por el anuncio de temperaturas gélidas que si bien dieron la bienvenida al día con 7 grados bajo cero, después se transformó en una jornada espléndida, ideal para observar el anillamiento de aves.
Es ésta una técnica habitual entre el personal de la Reserva. De hecho, a lo largo del año se marcan entre 500 y 600 individuos que con el sistema de identificación aportan información sobre la vida de los pájaros, rutas migratorias, condición física o el tiempo que se pasan en las Lagunas de Villafáfila.
Esta vez se trataba de colocar las anillas metálicas en los animales más pequeñitos que sobrevuelan por el complejo lagunar, los paseriformes. Porque, así como se relaciona la Reserva con patos, gansos o avutardas, existe toda una pequeña fauna de no menor importancia en esta isla de agua en medio de la estepa cerealista.
La actividad se incardina también en el lema elegido este año para conmemorar el Día Mundial, que es humedales y turismo. «El anillamiento llama la atención de la gente y es una forma de atraer visitantes y dar a conocer este humedal tan importante para las aves, no solo las grandes sino también las más pequeñitas», explica José Miguel San Román, monitor de la Casa del Parque.
Y así como un día normal de primavera se pueden marcar entre 80 y 100 aves, ayer no era el mejor «porque los pájaros pequeños hasta que no calienta el sol no se empiezan a mover». Entre las especies anilladas hubo petirrojos (Erithacus rubecula), mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita), lavanderas (Motacilla alba) o gorriones molineros (Passer montanus).
También se marcaron algunas fochas (Fulica atra), a las que además de la anilla metálica se le colocó en el cuello un collar amarillo que facilita su identificación a distancia sin captura. «Gracias a esos marcajes se pueden obtener un montón de datos. De hecho algunas fochas marcadas en Villafáfila han aparecido en Huelva y en Marruecos, cerca del Sáhara».
El marcaje ha descubierto también la presencia en la Reserva terracampina de especies poco habituales por su hábitat forestal como el torcecuello (Jynx torquilla), pechiazul (Luscinia svecica), colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) o reyezuelos (Regulus regulus). «Son especies que en principio no estarían en el lugar idóneo y vemos que utilizan el humedal para descansar», apunta el San Román.
La actividad se propone así educar y dar a conocer a los visitantes el gran valor de los humedales, ya que son ecosistemas básicos para la supervivencia de miles de aves migratorias y aportan beneficios a largo plazo, tanto a las personas como a la vida silvestre y la biodiversidad.
Respecto a la situación del humedal, la ausencia de lluvias se está dejando notar. Las Lagunas se encuentran en el 40% de superficie inundada. «Es un año flojo de aves porque tienen menos espacio útil y además el buen tiempo en Europa ha hecho que muchos ánsares y gansos no hayan volado a España», explica José Miguel San Román. Así, frente a los 25.000 gansos que otros años ivernan en la Reserva de las Lagunas de Villafáfila, este año han llegado unos 12.000. Unos 30.000 patos y gansos, «cuando lo habitual son más de 50.000».
Lo positivo es que la menor superficie de agua concentra más a las aves y es posible ver espectaculares agrupamientos en el humedal más importante de Castilla y León por cantidad de individuos, y uno de los más relevantes de la península ibérica.
Sin embargo estamos ante las últimas oportunidades para observar grandes cantidades de aves, puesto que en quince días los gansos regresan a Europa. Con la primavera la Reserva de las Lagunas de Villafáfila regala otros momentos con la llegada de aves desde África, desde mediados de marzo a finales de mayo; «es la época de más variedad», apunta el monitor de la Casa del Parque.
Si bien el más importante, el complejo lagunar de Villafáfila no es el único humedal de Zamora. Ahí está el embalse de Ricobayo, el segundo más importante en concentración de aves de la provincia. En el conjunto provincial existen más de 80 lagunas catalogadas, buena parte de ellas enclavadas en la alta sierra sanabresa.