CH. S.
Los lobos son parte de la historia de la toponimia, las tradiciones populares y los escudos de armas y heráldica. Dos pueblos zamoranos hacen mención a él Lober (Aliste) y Lobeznos (Sanabria). En Lubián, Sanabria, hay una fuente con tres cabezas de lobos por cuyas fauces sale el agua. A este municipio es donde durante siglos arribaron en verano las cabañas de ovejas alistanas en busca de la hierba de la sierra cuando el alimento escaseaba junto a los ríos Aliste y Frío.
En nuestra provincia al menos hay cuatro ayuntamientos que llevan al lobo en su escudo de armas: Ferreras de Abajo en Aliste (Compartiendo el cánido lugar con los ancestrales martillos de las antiguas Ferrerías y la Sierra de la Culebra), Peque en La Carballeda (Con dos robles, una trucha y el río Negro), Villalobos (Familia Osorio, uno de los linajes más antiguos de la nobleza en España) y Quintanila del Molar (con molino y dos molenderas adjuradas).
En Aliste la mayor alabanza para un mastín era cuando se le otorgaba el sobrenombre de «Tumbalobos» o «Matalobos» pues ello suponía que o había salido victorioso de luchas con los cánidos o le había causado la muerte. A las personas poco de fiar se les llamaba «Cotralaire» porque callaban y observaban al acecho, para no ser vistos, como el cánido, que lo hace en la parte contraria a donde viene el viento para nos ser descubiertos por el olfato o el oído de los perros.
Entre la creencia y la superstición está la de que comiendo el corazón de un lobo quien lo hacía se libraba de males como la gota o la epilepsia. El colmillo de cánido macho colgado al cuello curaba los males de mamas en animales y mujeres, picaduras de culebra y meadas de sapo. Solo había un problema: para ser efectivo había que arrancárselo a un lobo vivo.