R. M. CARNERO
La vaca Antrueja de Pereruela resurgió de nuevo de sus propias cenizas para dar vida a un carnaval que cada año va a más; ya que además de la organización propia del grupo que da vida a los personajes de la mascarada perigüelana, ha sido organizado por el Ayuntamiento y la Asociación de mujeres local.
Los últimos cinco años el ciclo de la andadura de la Antrueja de esta localidad sayaguesa, ha dado comienzo el sábado de carnaval en el desfile de Caretos de Braganza, junto a las también vacas de carnaval zamoranas de Almeida y Palacios del Pan. La vaca perigüelana ha llegado a estar presente algún año hasta en tres ocasiones, por lo que ha recibido una nueva medalla por su participación en la IV Bienal da Máscara, que organizado por la Cámara Municipal de dicha ciudad y la Academia Ibérica da Máscara, se celebró en diciembre de 2009; año en que recibió la primera por su presencia en la inauguración del Monumento a la Máscara inaugurado el 17 de junio de ese año por el presidente de la Portugal Aníbal Cavaco.
A las cinco de la tarde, como en buena hora torera, la Vaca Antrueja, arropada por el pueblo, celebró un año más el milenario ritual de fertilidad ganadero-agrario. Los actos dieron comienzo con la predicación del obispillo, que después de repasar, como siempre las prohibiciones de comer cualquier tipo de durante la cuaresma, recordando el viejo dicha de la zona «cuida con lo que anda o vuela/ si lo echáis ala cazuela./ Que la vaca y la gallina/ ya no son penicilina/. Ya no vale el viejo dicho:/ Es que estaba malo el vicho/ o lo estaba el sayagués./ Evitad comerlas, pues/». A continuación pasó a los problemas derivados de la crisis: «Por qué decís qué comemos,/ si por más que trabajemos/ y hagamos la mar de preces/ no tenemos ni pa peces./ Ni que echar a puchero por culpa de Zapatero./ y encima nos dan de bruces/ el Sebastián y sus luces». Luego siguió con las prohibiciones:»Y privando por privar,/ Pajín no deja fumar./Y la última estupidez,/ en autovía a ciento diez». Luego repasó lo local: «No digáis que este gobierno/ es el mismísimo infierno./Que aquí que gobiernan cuatro/ andan como perro y gato./ Ni hacen ni dejan hacer/ solamente por joder/. -¡Perdón por la desvergüenza!-/ Pa que no haya residencia./ Y a poco van a la greña por culpa de un cacho peña/ para hacer un monumento/ a uno en agradecimiento./ Y ese horno sólo le cabe, como todo el mundo sabe, a todas nuestras abuelas/ que hicieron tantas cazuelas». Terminó pidiendo, para después de su muerte, la fertilidad: «Que su sangre haga propicios/ equinoccios y solsticios».
Después un recorrido por las calles del pueblo al son de flauta y tamboril, se celebró el ritual de la arada y la siembra, la persecución y sacrificio del pelele por la vaca, que luego fue toreada y muerta estoque. A continuación y tras un responso, la vaca fue enterrada entre lamentos; y ya sin su presencia el pueblo siguió con la fiesta.