J. A. G.
La Asociación de Jóvenes Agricutores (Asaja) denuncia que los daños del lobo están poniendo en serio peligro la continuidad de la actividad ganadera, que se suman a los de índole sanitario provocados por otras especies de ungulados salvajes al ser portadores de enfermedades comunes con las de los animales domésticos».
Destaca que en Zamora el incremento de ataques con respecto al año anterior es del 220% (se pasa de 97 a 211 ataques reconocidos)». Atribuye este gran incremento «a que en la zona abunda el alimento por los censos de ungulados silvestres, como al descenso en el aprovechamiento cinegético de la especie». El sindicato señala que «en tres años, tanto el número de ataques a la ganadería como de animales muertos se ha duplicado».
Asaja «exige que se incremente el número de autorizaciones para aprovechamientos cinegéticos, que se hagan los controles poblacionales con batidas por parte de la Guardería y que se indemnice a los ganaderos por la totalidad de los daños ocasionados. Precisa la organización sindical que los daños»únicamente se compensan, y de forma parcial en las reservas de caza o en el Parque Nacional de Picos de Europa».
Asaja afirma que la propia Junta reconoce la necesidad de un mayor control de las poblaciones de lobo en un informe sobre la campaña 2009/10 donde dice «que la extracción total de ejemplares se encuentra muy alejada de los que podían haberse capturado con un margen de seguridad, sin poner en peligro el estado de conservación favorable de la especie».
Apunta que en la provincia de Zamora «se han registrado 29 manadas de lobos seguras y se constatan otras 10 como probables, que representan el 20,75% de la región».
Asaja expone que «no acepta que sea el sector ganadero el que soporte el elevado coste de la reintroducción de la especie en zonas en las que en las últimas décadas no existía o su presencia era esporádica», y subraya que «en ningún caso se pueden consentir poblaciones de lobos que pongan en peligro la principal actividad económica de toda la comarca, ya que si desaparece la ganadería el impacto económico y medioambiental sería devastador».