SOFÍA FERNÁNDEZ, ROSINOS
La base de Rosinos ha abierto sus puertas a cuarenta niños del campamento infantil urbano de Puebla, con edades comprendidas entre los 3 y los 12 años. El objetivo de la actividad era que los niños aprendieran los métodos utilizados en la extinción de incendios forestales de manera entretenida. Diversión, asombro y en algunos casos incluso miedo fueron los sentimientos predominantes entre los chiquillos a lo largo de toda la mañana.
A las diez de la mañana comenzaron a llegar los más puntuales con las mochilas cargadas de ilusión porque se iban de excursión junto con sus amigos. Media hora después el autobús estaba repleto. Monitoras y niños estaban listos para pasar una mañana especial en la que el agua y las gorras eran indispensables, ya que el sol lucía con fuerza.
Una hora después, la marea roja invadía la base de Rosinos, donde un agente medioambiental les dio la bienvenida. La primera parada fue junto con los helicópteros. El piloto encargado de dirigir el aparato explicó la labor de las aeronaves en los incendios forestales. Llegó el turno de resolver dudas y los niños tenían listas una batería de preguntas dignas de profesionales del periodismo.
A continuación, la cuadrilla preparada para la extinción de incendios, hizo un parón en su rutina diaria para mostrar a los niños su labor en caso de que se produzca un fuego. En un primer momento los pequeños se quedaron paralizados ante la llegada de ocho hombres con mono y casco, pero los efectivos de la base también se quedaron sin palabras al encontrarse ante tantos niños, ya que no están acostumbrados. Con el paso de los minutos, todos se iban sintiendo como pez en el agua. Los chiquillos iban asimilando gran cantidad de información y en muchos de ellos iba creciendo el gusanillo de convertirse en el futuro en pilotos o bomberos.
Tras conocer la labor de los helicópteros y de las cuadrillas, le llegó el turno al piloto de los hidroaviones. Los niños ya iban acusando el cansancio, el hambre y el intenso calor que azotaba y se mostraban más inquietos. Sin embargo, consiguieron mantenerles atentos haciéndoles partícipes de la charla mediante la realización de preguntas, muchas de ellas originales como «¿el avión pesa más que un dinosaurio?».
El tiempo se agotaba y tocaba regresar al autobús para volver a Puebla, reunirse con sus padres y recargar las pilas porque mañana las actividades continúan con el día dedicado al arte.