ARACELI SAAVEDRA
La Virgen de Guadalupe no se ha cansado de esperar este largo año en su ermita de Requejo para presidir los actos de su festividad y volver a ser la protagonista de la procesión que ayer recorrió con solemnidad el pueblo.
La localidad requexana abrió sus puertas a más de 200 personas, que se sumaron a la festividad de la Virgen de Guadalupe, acto que profundiza en el hermanamiento con la ciudad gallega de Rianxo. Con la llegada de un grupo de 30 vecinos de las Rías Gallegas comenzaron los actos oficiales con la ofrenda floral a la imagen patrona de la Hispanidad por parte de los alcaldes de Rianxo, Pedro Piñeiro, y Requejo, Santiago Cerviño, acompañados de los alcaldes de los municipios de la comarca y en medio de un templo lleno de fieles, buena parte de los 140 miembros de la asociación de la Virgen de Guadalupe. Villa y templo se engalanaron para la ocasión. El párroco de Requejo, Samuel Peréz, destacó el hecho de reunirse después de un año, en el camino de fe y en la figura de María. El cantante solista de la Charanga Tamega emocionó a más de uno con un solo dedicado a la madre que no se cansa de esperar, la misma que ayer presidía el altar de Requejo y recibía el reconocimiento de un hijo, engalanada tan solo con un manto de flores blancas y azules a su alrededor. La procesión llenó la calle y discurrió entre casas y las nuevas fuentes restauradas en el pueblo. Las mujeres de Requejo tributaron en la Salve un penúltimo homenaje a la patrona, mientras recibía una lluvia de cientos de pétalos de rosas. Con vivas a la Virgen, a Rianxo, a Requejo y a Extremadura la ovación al concluir la ceremonia en la ermita fue clamorosa.
La de ayer fue una jornada de encuentro pero también de despedidas, entre ellas la del alcalde de Rianxo que después de 17 años en el cargo y una década arropando el hermanamiento dirá adiós a su cargo, aunque quien le suceda al frente del consistorio rianxeiro será consecuente con estos casi 11 años de amistad con el pueblo que marca la entrada a Castilla y León. Cumple 65 años «y me jubilo de todo», ayer fue por tanto su último acompañamiento como autoridad ante la Virgen de Guadalupe sanabresa. A su lado el alcalde de Requejo, Santiago Cerviño, tendía puentes entre los pueblos y extendía el ambiente de fiesta a los alcaldes de Sanabria. Y tan tradicional es la fiesta de la Virgen que el Papa Pío IX «en el primer sábado de julio» que «Nos, movidos de piadoso celo, con el fin de aumentar la religión de los fieles y salvación de las almas por medio de los tesoros celestiales de la Iglesia, concedemos misericordiosamente en el Señor una indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados».
La asociación regaló a los asistentes una reproducción de esta bula papal para perpetua memoria que emitió «bajo el anillo del pescador el día 28 de septiembre de 1877 de nuestro Pontificado el año 32». La charanga orensana que emocionó en el templo cambió el compás de la procesión para interpretar unos pasodobles a la puerta del ayuntamiento, acogidos con buen ritmo por las parejas. Después de 10 años los vecinos de los dos pueblos volvieron a compartir mesa y mantel.