I. GÓMEZ, FERMOSELLE
Los encajes han llegado a la Casa del Parque Natural de Arribes del Duero en Fermoselle. Los muros del antiguo Convento de San Francisco, otrora escenario de cánticos y oraciones, albergan este mes una muestra de trabajos elaborados por las alumnas de la Escuela de Encajes de Fermoselle. Bolillos, macramé, encaje a la aguja, deshilados o frisados de Valladolid ocupan la histórica estancia, sede del Espacio que comparte la zona de protección con la provincia de Salamanca.
Esta singular exposición, que permanecerá todo el mes de marzo y se espera que se prolongue hasta después de Semana Santa, forma parte del programa de actividades de la Casa del Parque. En esta ocasión sale a la luz parte del trabajo iniciado hace ocho años, coincidiendo con la creación de la Escuela de Encajes de Fermoselle, dirigida por Mª del Carmen Fidalgo, una fermosellana afincada en Tordesillas.
Fue precisamente su vinculación al Museo del Encaje de la villa vallisoletana la que propició la puesta en marcha de la escuela fermosellana, en la que se forman cinco alumnas: Mª del Carmen Ramos, Cristina Xavier, Cecilia Fernández, Delfina Domínguez y Maribel Vaquero.
Como recuerda Mª del Carmen Fidalgo, el embrión de la escuela fue un homenaje a las últimas hilanderas de Fermoselle, promovido hace ocho años por el Museo del Encaje de Tordesillas. De aquella iniciativa surgió un grupo de mujeres, deseosas de recuperar las labores artesanales del encaje de bolillos. Cada quince días Mª del Carmen se desplaza desde Tordesillas para impartir las clases a las cinco alumnas en el local de la peña «El Pulijón».
De las manos de estas afanosas mujeres han salido pañuelos, toallas, abanicos, ligas, mantillas... una amalgama de trabajos que se pueden contemplar en la Casa del Parque. Han sido ya muchas las personas que se han pasado por el antiguo Convento de San Francisco para ver las piezas realizadas por las encajeras fermosellanas, entre las que también caben aplicaciones más modernas del encaje contemporáneo, expuestas en una serie de cuadros enmarcados.
Un trabajo minucioso y durante tiempo en el ocaso, que ahora resplandece de la mano de este puñado de encajeras. Como recuerda Mª del Carmen Fidalgo, «han llegado a aparecer bolillos en escombreras o casas en ruinas». Por el contrario, ahora estas labores resurgen y se ponen en valor unos trabajos que alguien llegó a calificar como «una de las expresiones más bellas del arte decorativo»
Fueron las alumnas de la exposición de la Escuela de Fermoselle, con su monitoria Mari Carmen Fidalgo, las que restauraron un mantel del altar del Santuario de Nuestra Señora de la Bandera, una extraordinaria pieza de gran valor artístico con más de un siglo de antigüedad que forma parte del patrimonio religioso de la villa sayaguesa después de ser rescatado de un viejo arca.