J. A. GARCÍA
La aparatosa colisión de un camión de circo, con cuatro enormes tigres enjaulados, y un segundo camión que transportaba varias toneladas de tableros flotantes provocó ayer «un follón impresionante» en la autovía A-52 o Rías Bajas a su paso por el término de Palacios de Sanabria. Debido a la naturaleza «y al nerviosismo» de las fieras, la Guardia Civil acordonó férreamente la zona «y no dejó arrimarse a nadie». Y, por si fuera poco, mantuvo el cerco «dotado de armas largas para proteger al personal que tenía que recoger los tigres porque en ningún caso podía permitirse que huyeran del lugar». Además, fue preciso cortar la circulación de la autovía, en ambos sentidos, desde las 12.00 hasta las 14.00 horas cuando se procedió al cambio de los animales a las jaulas de un nuevo vehículo.
El siniestro ocurrió pasadas las 2.00 horas de la mañana y no quedó liberado el cerco hasta doce horas más tarde (14.00 horas), después de que los especialistas procedieran a sedar e inmovilizar a los grandes felinos, «de entre 120 y 200 kilos», con una inyección anestésica.
En el accidente se vieron implicados el camión de un circo, de nacionalidad portuguesa, y un camión de Orense que, según fuentes de la compañía de madera, pudieron colisionar «en un posible adelantamiento». A consecuencia del golpe el camión del circo quedó volcado sobre un lateral de la autovía, con el remolque de las jaulas donde viajaban los tigres seriamente dañado y con un gran boquete. El vehículo maderero, por su parte, cayó de golpe sobre un profundo paso de agua y quedó con la cabina destrozada al volcar sobre la misma parte de la carga.
Sorprendentemente, tanto el conductor del camión como la conductora del vehículo del circo salieron únicamente con heridas leves. El primero, J. M. A. de 47 años, fue trasladado, «porque así lo quiso él mismo», al hospital de Verín; y la segunda al hospital de Zamora.
En torno al siniestro se montó rápidamente un enorme dispositivo de seguridad porque, al decir de la Guardia Civil, «las jaulas habían quedado dañadas y cualquier maniobra para enderezar el remolque podría ocasionar la rotura de las mismas y la evasión de los tigres al monte, por lo cual la grúa desplazada no podía usarse hasta que no fueran trasladados los animales».
La Guardia Civil justifica semejante dispositivo para «salvaguardar la vida humana, dado que los animales estaban muy excitados por la violencia del choque, además de por la presencia del personal y también para tratar de que los animales no sufrieran daño alguno».
El dispositivo montado alrededor de los felinos estuvo formado por «ocho patrullas de guardias civiles de Tráfico de los destacamentos de Puebla y Benavente, tres patrullas del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Comandancia de Zamora, cuatro patrullas de los puestos de Puebla y Mombuey, tres técnicos y veterinarios del Centro de Recuperación de Animales de Villaralbo, dos agentes medioambientales, el domador del circo y varios empleados del mismo». La operación de sedado y de traslado de los tigres resultó «complicada también por las inclemencias meteorológicas, ya que tardaron en asimilar la anestesia suministrada, dada la envergadura y el peso». Desde la Benemérita ser precisa que «los felinos fueron dormidos uno a uno», y, a brazo de media docena de personas, «trasladados a nuevas jaulas de un camión que ya portaba otros tres tigres». El circo iba camino de León o La Bañeza.
El calado del accidente rápidamente corrió por toda la zona porque cuantos conductores que tropezaban el episodio quedaban asombrados por la dimensión del suceso y, sobre todo, al saber de los tigres. Sobre el suelo quedaron diseminados sacos de carne para alimentar a los felinos, que iban acompañados en otras jaulas por patos y palomas, congeladores, herramientas, juguetes y piezas desgajadas de los camiones implicados.
Francisco Jiménez, concejal del Ayuntamiento de Palacios conoció el accidente «a través de un mensaje de su propia hija», que a las ocho de la mañana tropezó el siniestro cuando iba en el autobús al instituto de Puebla. «Me fui encima de un puente que cruza la autovía, donde había otras cuatro personas, y un guardia civil nos dijo que hiciéramos el favor de marchar porque igual tenían que disparar». Según refiere, «en la tienda de Palacios fue ayer el comentario más relevante de cuantas fueron a comprar». «Fue algo inverosímil» decían ayer responsables del camión de madera, que durante horas tuvieron que esperar a que se librara el cerco para poder acercarse a operar con la carga de su vehículo.
No faltaron, además, los rumores de que los tigres habían escapado tras el accidente. Sin embargo, Francisco Jiménez descarta esta salida de tono porque, según observó cuando se acercó al lugar de los hechos, «todos estaban cerca del camión y no había despliegue por el campo».