J. A. GARCÍA
La Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Duero ha impuesto a tres vecinos de Cozcurrita una sanción de 6.300 euros por provocar daños en el dominio público hidráulico. Es una sanción que han procedido a recurrir pero que ha causado sorpresa y ha dejando un tanto perplejos a los afectados.
La Guardería fluvial formuló la denuncia el 9 de septiembre del pasado 2009 contra M. S., A. D. y J. D. como autores «de unas obras no autorizadas».
Estas consistieron, según especifica el pliego de cargos, «en la construcción de un pozo de metro y medio de diámetro y dos de profundidad» en el cauce del arroyo denominado «Mimbrero», para el riego de una extensión de 0,15 hectáreas de sembrado de maíz, utilizando para la extracción del agua una motobomba.
La Confederación Hidrográfica, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino, califica de «menos grave» los daños causados en el dominio hidráulico por los presuntos autores de la infracción administrativa.
No obstante, la propuesta de sanción es de 6.300 euros y la indemnización de 65 euros. Además, en el texto del expediente se establece el que procedan «a cegar el pozo y a que se abstengan de utilizar las aguas inmediatamente».
Antonio Santos, un hombre de avanzada edad, aludía al aprovechamiento de un recurso fluvial existente dentro de la pequeña parcela y que había sido utilizado durante años y años. Además, considera de poca magnitud la cantidad de agua utilizada, así como de la extensión del cultivo.
La cuantía de la sanción mantenía a este jubilado de Cozcurrita sumido en la preocupación. «Estoy esperando que el correo me traiga la notificación de la denuncia», expresaba, mientras caminaba un tanto nervioso por las inmediaciones del punto donde Correos tiene instalado el buzón.
Tras casi una hora de idas y venidas por el lugar, la espera se vio correspondida porque la encargada del reparto de la correspondencia llegó con el gran sobre portador del expediente sancionador.
En la misma calle abrió renqueantemente el sobre y pudo comprobar la firmeza de la denuncia y sus consecuencias.
Antonio Santos es un jubilado que dejó las energías trabajando como herrero pero, sobre todo, en la brega de la construcción. Un oficio que ya le vino del padre. De hecho, mientras esperaba lo indeseado, mostraba la perfección que había conseguido la cuadrilla donde trabajaba el padre en la colocación de los sillares de granito que conforman los esquinales de la antigua escuela, hoy reconvertida en una salón para reunirse los vecinos.