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HEMEROTECA » |
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CELEDONIO PÉREZ Lleva más de mes y medio en otro mundo, el del desconcierto y la incongruencia. Jesús Tomás Pino, el ganadero de caprino de Pozuelo al que le ha tocado la china del «scrapie», está cansado. Ha dejado de ordeñar y se ha pasado al otro bando, al de los que van de despacho en despacho buscando palabras, un embalse de palabras. De eso es de lo que vive desde hace cuarenta y cinco días. Pero ya está harto: «Vale que me digan que tengo un caso de «scrapie» y que la normativa obliga a sacrificar toda la partida de cabras, aunque me parece una injusticia; vale que me den una subvención de miseria, pero que encima tenga que seguir dándole de comer a los animales porque nadie los lleva, por ahí no paso. Cualquier día me planto en Zamora con las chivas y se las meto en los despachos».
«Estoy desesperado. He mantenido varias reuniones con gente del sector y de la Administración en los últimos días, pero no ha habido ningún avance. La normativa es inflexible y no hay solución, tienes que sacrificar las 1.500 cabras, me dicen. Bueno, pero aquí sigo esperando, nadie me dice nada, nadie viene a buscar el ganado para llevárselo al matadero o donde sea. Y yo, mientras tanto, dándole de comer a los animales. 50.000 euros he gastado ya en el último mes y medio. Solución, pues a lo mejor dejarle de dar de comer a los animales. Cualquier día cojo una partida de chivas y me presento en Zamora en los despachos, a ver qué pasa».
Jesús Tomás Pino vive sus peores semanas como ganadero. Su explotación, 1.500 cabras, ha volado, ha desaparecido desde que le comunicaron que tenía un caso de «scrapie», una encefalopatía grave que afecta a ovejas y cabras. El 21 de diciembre le tocó la «lotería»: le comunicaron que tenía que hacer el vaciado sanitario de su granja, ubicada en Pozuelo de Tábara, de la que viven cinco familias, dos de ellas de emigrantes marroquíes. Se le vino el mundo encima. Pero lo que ha venido después, ha sido todavía peor.
«No sé nada concreto. He mantenido reuniones con los sindicatos agrarios. Sé que éstos han hablado con representantes de la Junta de Castilla y León, con el director general de Producción Agropecuaria, Baudilio Fernández Mardomingo. Pero, al parecer, no ha habido avances, las cabras hay que sacrificarlas porque así lo dice la normativa europea y se acabó. Pero los animales aquí están comiendo todos los días, acumulando unos gastos que estamos sufragando nosotros».
El tiempo de las reuniones aún no ha finalizado. Está a la espera de ser recibido por Carlos Escribano, director general de Recursos Agrícolas del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural. Jesús Tomás Pino, aunque está cansado, no quiere rendirse: «Mantenemos nuestra posición inicial, queremos que la Administración entienda que este es un caso extraordinario, que en la explotación donde ha aparecido una cabra con «scrapie» hay 1.500 animales que, por lo que se ve y después de más de mes y medio ahí están, perfectamente sanas. Nos parece injusto que haya que llegar al sacrificio masivo. Es cargarse un patrimonio, matar de un golpe más del 12% de la cabaña caprina provincial, una desgracia».
Detrás de la ruina económica están las personas, cinco familias que vivían de la explotación. Las tres propietarias de la granja y dos inmigrantes. «El problema -explica Jesús Tomás Pino- es que los gastos son los mismos. Los animales no saben que están condenados a muerte y siguen comiendo. Y el pienso se está acabando. Si nadie se los lleva empezarán a ponerse de parto y entonces ya no serán 1.500 cabras las que habrá que matar, serán muchas más. La situación cada vez es peor. Desde diciembre hemos gastado 50.000 euros en pienso, ¿quien puede mantener esta situación?, ¿alguien nos va a pagar lo que estamos gastando ahora? Los salarios hay que seguir pagándolos. Después de esta experiencia a ver como te van a quedar ganas de continuar en este sector. Difícil, muy difícil».
«He llamado veinte veces a la Junta -relata Jesús Tomás Pino- y nadie sabe explicarme la situación. Me remiten a un lado y otro, pero soluciones ninguna. Nadie se ha dirigido a nosotros por escrito para explicarnos lo que está pasando. Las cabras siguen en el establo y la situación cada vez es peor».
Lo único que sabe fijo Jesús Tomás Pino es que la indemnización por cabra sacrificada será de 100 euros. «Con este dinero será imposible volver a empezar. El ganado nos costó mucho más. Son animales selectos». Según Tomás Pino «lo último que sabemos es que si, finalmente, se produce el sacrificio de las cabras, los cadáveres serán destruidos, no irán para consumo humano».
La Junta de Castilla y León puso en marcha hace unos años un plan de recuperación del ganado caprino en la provincia, porque se considera que ofrece muchas posibilidades. El censo provincial de caprino ronda en la actualidad los 13.500 ejemplares. La leche de cabra es muy apetecida para la elaboración de queso. En Zamora, la cooperativa Calporc ha apostado desde hace años por este producto, que cada vez se vende más en los países europeos, sobre todo en Francia. Ahora, el problema de la granja de Pozuelo ha metido el corazón en un puño a todos los ganaderos de caprino.
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