CHANY SEBASTIÁN
El período de treinta años, entre 1790 y 1820 «fue nefasto para el patrimonio religioso de Rabanales de Aliste pues se perdieron sus ermitas utilizándose su piedras para nuevos usos, como fue el caso de la de Santa Catalina, para construir una panera». Así lo expresaba ayer el historiador José Lorenzo Fernández, dentro de la primera Jornada de Catalogación de Calvarios de «La Raya» organizada por la asociación para la defensa del paisaje «El Cigüeñal» que se inició con una ponencia en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Rabanales con la presencia de curiosos y estudiosos, entre ellos el historiador José Ignacio Martín Benito y el alcalde Domingo Ferrero Cruz. Lorenzo Fernández reivindicó la herencia de los antepasados, que como «herederos responsables cada vecino de un pueblo tiene el deber y la obligación de velar por la conservación de tan importante legado cultural con vistas a evitar su desaparición». Exceptuando el Calvario de Bercianos junto al que discurren la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, que conserva todas sus piezas, sería el de Rabanales el más importante de la comarca de Aliste, aunque en este caso le falta dos de la cruces originales. El Calvario original de Rabanales estaba en «Las Eras Grandes» del Camino de Mellanes.
Fue el cura Domingo Puelles y Rodrigo, llegado en 1814 el que promovía la construcción del nuevo Calvario con piedras graníticas. Las obras se iniciaron en 1816 y estuvieron culminadas el 17 de septiembre de ese mismo año. El coste ascendía a un total de 1.152 reales. Para piezas, cruces y peanas, todas ellas enterizas, fueron labradas y pintadas al óleo, utilizándose piedra granítica procedente de las canteras de Fornillos de Aliste. El Calvario propiamente dicho fue ubicado en «Las Eras Pequeñas» pasado el actual cementerio.
Los participantes en la Jornada de Inventariado y Catalogación no dudaron en calificar al Calvario como uno de los elementos de arquitectura religiosa más importantes de Rabanales, pidiendo su señalización interpretativa para ser utilizado en visitas guiadas, convirtiendo la calle que acoge las cruces en lugar de cita obligada para los turistas, como complemento a la iglesia parroquial de San Salvador, ayer visitada, renacentista, al Museo Etnográfico y al Centro de Interpretación y Estudios de las Especies Micológicas. En la parte negativa está que el Calvario, con el transcurso de los años, ha perdido dos de su piezas.