BELÉN ALONSO, MONTAMARTA
El Zangarrón de Montamarta cumplió con creces con la tradición a pesar de que el día comenzó con una ligera lluvia, que a lo largo de la mañana desembocó en un viento y un frío considerable. Daniel Gago Crelgo dio vida ayer a la mascarada de la localidad de Año Nuevo, una costumbre ancestral cuyos orígenes se remontan a las celebraciones del cambio del solsticio en la época romana, que fue seguida por decenas de personas. En esta ocasión el Zangarrón vistió careta de corcho negra y coronada con dos orejas de liebre (confeccionada por el padre de Daniel), un traje confeccionado con una colcha y toallas marrones y amarillas, «todo nuevo» explicaba. El disfraz se completa con flores de colores, tres cencerros a su espalda y un tridente con el que «atizará» a los solteros.
Daniel Gago inicio su recorrido a las nueve de la mañana y a medio día en la ermita, mientras esperaba el permiso para poder entrar en el templo de Nuestra Señora del Castillo aseguraba encontrarse «cansado, pero contento» y mostraba su malestar por el continuo viento frío que «constantemente me levanta la capa y me hace difícil la carrera».
Este año la carrera desde el pueblo hasta la ermita se hizo por la carretera, ya que el camino que atraviesa el embalse estaba imposible. Tras la espera el sacerdote da su bendición para que entre y realiza tres reverencias, se acerca hasta el altar donde pincha con el tridente dos hogazas de pan y vuelve a saludar con tres reverencias al marcharse. Gago, a pesar del frío día que le había tocado en suerte comentó que «me he sentido bien durante toda la mañana, pero también tengo ganas de parar para descansar». El Zangarrón volverá a salir a las calles el próximo «Día de Reyes», encarnado por el quinto Alberto Coca Lozano, cuando nuevamente recorrerá el municipio pidiendo el aguinaldo y asustando a los vecinos.