CH. S.
-¿Qué supone para usted ser la autora de los galardones?
--Un orgullo, porque es mi trabajo, a lo que me dedico cada día, como alfarera, y agradecida, porque los organizadores para premiar a los ganadores se hayan elegido las piezas típicas de la alfarería tradicional de Moveros algo que sin lugar a dudas representa muy bien a Aliste.
-Moveros fue un pueblo puramente alfarero. Un referente.
-Llegó a haber hasta treinta alfareras. Yo aún recuerdo cuando de niña iba con mi madre al «Veintidós» a Fonfría o a Matellanes. Eran otros tiempos: llevábamos las barrilas y los cántaros en los «serones» de la burra, envueltos en paja para que no se nos rompieran. Ahora la carretera de la Nacional 122 a Constantim nos ha ayudado mucho, pasa mucha gente, para a ver y compra.
-¿Se sigue trabajando y vendiendo como antes?
-Nosotros seguimos haciéndolo igual, sacamos el barro en «Las Barreras» a un metro de profundidad, donde solo hay una beta de treinta centímetros. Hacemos los cacharros y los cocemos. Este año lo que más vendemos es el cerdito hucha. La gente sigue comprando las barrilas, cántaros y botijos como lo mejor para el agua. Lo artesano y lo bien hecho se sigue apreciando.