J. A. GARCÍA
La festividad de la Inmaculada, la Purísima, fue celebrada ayer en Villalpando con una devoción y una solemnidad difícilmente superable. La villa escenifican con elevado fervor el hecho de que en la iglesia de San Nicolás se hiciera, en el año 1466, el primer voto del orbe defendiendo la concepción inmaculada de María, y este gesto religioso aflora, con especial fuerza, cada ocho de diciembre.
Los actos religiosos fueron seguidos ayer por varios centenares de personas, hasta el punto de que la feligresía abarrotó el templo de San Nicolás y no pocos fieles debieron de seguir los oficios estoicamente de pie.
Fue una misa solemne, oficiada por el párroco de la villa Tomás Osorio, que resaltó la significación de la Inmaculada Concepción y su trascendencia para el conjunto de la población.
La santa misa dio paso a la escenificación del voto consignado por trece alcaldes de la comarca en el siglo XV, por el cual reconocieron como Purísima a la Virgen Inmaculada. En este caso, los regidores fuero representados por personas de la propia villa debidamente ataviados para la ocasión. El pronunciamiento mantuvo a todos los asistentes sumidos en el más absoluto silencio.
Seguidamente tuvo lugar la procesión por las calles de la villa con la imagen de la Concepción vistiendo y luciendo sus mejores galas, como es la corona de oro que únicamente porta en un acontecimiento tan cargado de relevancia religiosa. En el recorrido estuvo acompañada por un gran número de personas de todas las edades y el continuado tañido de las campanas.
La imagen de la Inmaculada de Villalpando data del siglo XVII y se otorga la autoría a un autor desconocido de la Escuela de Valladolid. El artista Jenaro Lázaro Gumiel renovó la imagen en el año 1954.