CHANY SEBASTIÁN
El Colegio Rural Agrupado de Tábara ha retomado las salidas de trabajo de campo aprovechando la estación otoñal en que en los pueblos es tradicional la recogida de las castañas y la celebración de la fiesta del magosto. Año tras año el centro educativo, que agrupa a escolares de diferentes pueblos, ha potenciado la teórica y práctica campestre para que profesores y escolares aprendan los valores del ecosistema donde viven, tomen conciencia de su importancia y lo cultiven.
Molinos harineros de agua en las riberas de río Frío en Valer de Aliste, corrales de pastores de Abejera de Tábara la vera de la Sierra Sesnández y la Sierra de la Culebra son sólo una pequeña muestra de lo conocido, admirado y aprendido gracias a salir al campo y mirarle de frente. En los años cincuenta y sesenta del siglo XX los maestros alistanos ya reservaban una tarde a la semana, la de los jueves, para trasladar la enseñanza de las aulas a los parajes campestres.
Este curso se ha optado por el magosto como fiesta de otoño. Para ello el claustro de profesores procedieron a confeccionar una Unidad Didáctica adaptada a los diferentes niveles, siendo los castaños y su fruto el núcleo principal. «La mejor forma de desarrollar dicha unidad era hacer una salida acercándonos a las faldas de la Sierra de la Culebra para estudiar los castaños, muy abundantes en la zona, recoger las castañas y posteriormente en una hoguera asar y degustar uno de los frutos típicos de esta época» afirman los profesores encantados con el resultado de la experiencia.
Por un día las mesas y pupitres se quedaron solos con las carteras y los libros. A las 10 horas escolares y profesores iniciaban la ruta que discurrió por un camino de concentración parcelaria. Dos kilómetros de preciosas vistas, enseñanzas y consejos, hasta llegar a la finca del señor Juárez, quien amablemente les dio permiso al colegio para coger cuantos castañas quisieran. «Observamos el paisaje y estudiamos "in situ" el hábitat de la zona, las hojas, los pellizos, los frutos y animales», señala Manolo. Posteriormente se acercaron a la era de San Lorenzo, donde ya les esperaba la hoguera para asar las preciadas castañas. Alrededor del fuego se niños y mayores cantaron canciones, recitaron poemas y refranes y terminaron realizando juegos.
A las 13,30 llegaba la hora de regresar al colegio en Tábara tras haber disfrutado de una jornada de convivencia y aprendizaje fuera de las aulas donde las caras de contentos demostraban a las claras la satisfacción por «El trabajo bien hecho». La jornada sirvió también para intercambiar entre ellos lo aprendido en casa, de los más sabios, como no, sus abuelos y abuelas.