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J. A. GARCÍA, FERMOSELLE Eduardo González Fermoselle, que frisa los 80 años de edad, sigue tan impulsivo como en sus años mozos en lo tocante a tratar de sacar el máximo rendimiento al terreno agrícola, con innovaciones si es preciso. No en vano, la agricultura es su eterna pasión.
En su estancia en Argentina este fermosellano destacó por afrontar iniciativas insospechadas en el complejo sector agrícola. Entre otras iniciativas, introdujo el conejo de Angola, «que entró de maravilla» dice. Remarca, con sobrado entusiasmo, que «siempre me ha gustado la investigación». Ahora acomete su último reto o aventura en Fermoselle, y este año probará en plenos Arribes del Duero con la moringa, una planta que goza de elevada resonancia en el mundo medicinal por sus innumerables aportes al bienestar y a la salud de las personas; además de al medioambiente. Dice que lleva «dos años peleando» por conseguir la semilla de esta planta, sobre la que ha puesto un vivo interés porque, según sostiene, «tiene un aprovechamiento integral».
Al tito siempre de cuanto de novedoso se publica sobre el mundo de la agricultura, un artículo sobre la moringa despertó la chispa. Fue en agosto de 2007 y desde entonces buscó con empeño hacerse con la semilla. Hace dos semanas adquirió un puñado, que le fueron entregadas, para sorpresa, por otro zamorano, Juan Manuel Becilla.
Eduardo González Fermoselle dice tener confianza en los resultados, aunque alude a un problema: «que de juveniles no son muy resistentes a la helada». Esta desgracia no un fenómeno ajeno al arribanzo del Duero, donde radica la finca de sus amores. Nada menos que 120 hectáreas (24 de monte) que lindan a la confluencia del Tormes y el Duero, y al paso fronterizo de Bemposta.
Precisamente la helada castigó este año con severidad a sus almendros, cifrados «en unos 6.000», de los que no sacó apenas cosecha alguna.
Por su finca pueden verse diversidad de árboles frutales como ciruelos, olivos, melocotoneros e incluso el pistacho, «que es una planta maravillosa» en expresión del agricultor fermosellano.
Sucede que de pistacho «todos los árboles que tiene son machos, y no germinan».
Pero su última baza, la moringa, es del todo diferente, «porque es macho y hembra». Pone de manifiesto que «tengo la impresión de que puede funcionar, pero hasta que no lo compruebe no sabré el funcionamiento». En la parcela buscará el lugar más apropiado para que la nueva planta cuente con todo a su favor, desde el suelo hasta el clima.
El objetivo último, en caso de resultar, «es multiplicarla por la comarca de Sayago y combatir su aspecto desértico» dice.
Las propiedades de la moringa, indica, «son fabulosas para el diabético, más luego también tiene su valor nutricional, más la propia madera, más la herboristería».
De esta planta, pues, se aprovecha todo. Sus hojas superan con creces, en vitamina C, a la naranja; en calcio a la leche, en vitamina A a la zanahoria y en potasio al plátano. Por si fuera poco, la semilla de moringa reporta un alto porcentaje de aceite (40%), de la misma calidad que el prestigioso aceite de oliva, que es el producto estrella de Fermoselle. Pero es un aceite que también sirve para elaborar jabones, cosméticos y incluso para combustible.
Originaria del norte de la India, es una planta que incluso echa raíces y crece en suelos pobres y soporta largos periodos de sequía. Hay quien apunta que la moringa es como el cerdo, porque de ella se aprovecha todo. Pero es, por contra, un árbol que ofrece cierta elegancia y atractivo.
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