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HEMEROTECA » |
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S. R.
Joaquín Redondo Alonso es el nuevo cura encargado de las parroquias de Arcenillas y Casaseca de las Chanas, su nuevo destino tras haber regresado de Japón, donde ha estado 36 años de misionero como miembro del Instituto Español de Misiones Extranjeras. El sacerdote, nacido y criado en el barrio de Pinilla de Zamora, guarda un excelente recuerdo de su experiencia vital en el país asiático: «Ya es mi segunda patria».
-¿Cuál era su objetivo en la misión que le llevó a Japón?
-Mi principal objetivo era predicar el evangelio entre una sociedad pluralista enraizada principalmente en el budismo y el sintoísmo, lo que quiere decir que la mayoría de las personas con las que te relacionabas tenían otros principios y hacía falta mucho diálogo. En la parroquia donde ejercía mi labor diocesana había doscientos cristianos y que vinieran a misa cerca de sesenta.
-¿El laicismo también está presente en Japón?
-Sí, pero se vive de distinta manera. Allí no hay predisposición contraria al cristianismo. Agradecen la cooperación en la enseñanza y la labor social que presta la iglesia. Sin embargo, aquí en España la sociedad tiene principios cristianos pero hay una predisposición a poner en duda nuestra labor o a criticar a la Iglesia.
-¿Cuándo usted se marcha en 1969 acababa de ordenarse sacerdote?
-Así es. Yo marcho con 24 años, pero en principio hacia Estados Unidos para trabajar con hispanoparlantes en California. De allí fui enviado por el obispo, Eduardo Martínez González, a una zona rural de Japón situada al suroeste del archipiélago.
-En un país con una población tan densa probablemente las zonas rurales tengan pocque ver con las de aquí.
-Para que se haga una idea, yo estaba en una isla que registraba una población de cinco millones de personas. Y dentro de esta isla vivía en una ciudad de 130.000 habitantes llamada Niihama. Allí trabajaba en una sociedad con una mentalidad oriental y en principio muy cerrada, pero que luego se abre como un abanico y te ofrece todo lo mejor. En ese aspecto y en los primeros encuentros sí que notas mucha diferencia con los españoles, que somos más abiertos.
-¿Se da también en Japón el éxodo rural hacia ciudades más grandes?
-Sí que se da, sobre todo entre los más jóvenes. Pero hay una buena parte de japoneses que se mantienen con el trabajo en el campo comercializando su producto a través del cooperativismo. En Japón no se puede hablar de hambre, sobre todo en las zonas rurales, desde luego no existe. Pero en la periferia de las grandes ciudades, como Tokio u Osaka, hay gente que vive en la miseria, con problemas de alcoholismo y delincuencia.
-¿Qué idioma utilizaba para relacionarse, inglés?
-No, allí se habla japonés. Yo llegué allí sin saber nada y estuve dos años estudiando la lengua hasta que me destinaron a una parroquia con curas japoneses. Es un idioma difícil porque, para poder leer la hoja de un periódico, tienes de conocer al menos 700 caracteres.
-¿Y con los misioneros de otras religiones hacían apostolado conjunto?
-Mayormente con los pastores protestantes. Aparte de los budistas y los sintoístas existen los mormones o las comunidades cristianas no católicas. Con los pastores protestantes teníamos programas conjuntos, sobre todo en Navidad. Lo que ambos grupos intentábamos era no fijarnos en las diferencias y buscar las coincidencias.
-Y ahora de regreso, en Arcenillas y Casaseca, ¿nota mucho el contraste, tiene añoranza?
-Antes de llegar aquí he estado desde 2006 trabajando en Madrid al cuidado de una residencia para misioneros del Instituto Español de Misiones Extranjeras, cuidando a jubilados y enfermos. Ahora, con 69 años y con mi madre enferma mi sitio está en Zamora y mi labor sacerdotal en estos dos pueblos de Tierra del Vino. Estoy tomando contacto con los fieles de ambas parroquias.
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