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J. A. GARCÍA, FERMOSELLE En medio del sobresaliente proceso de restauración y renovación urbanística en el que está inmersa la villa de Fermoselle, existe el contraste de decenas de viviendas en venta, que presentan el debido cartel en lo más visible de su fachada.
Los anuncios, con buen colorido y el correspondiente número de teléfono incluido, saltan por doquier a la vista del turista que recorre el sinuoso callejero de Fermoselle, admirado por cuanto pone a los ojos fachadas de piedra labradas con más o menos mimo, sólidas puertas de madera con sus tradicionales cuarterones, entradas a señeras bodegas y los huecos de las zarceras; más nombres de vías llamativos como puedan ser El Guapo o Amargura.
«No hay calle que no tenga una casa en venta», se dice, con un poco de exageración, porque las hay que no muestran cartel alguno, aunque, sin embargo, otras ofrecen a pares.
Manuel Fermoselle, que entre otros oficio tiene el de agente inmobiliario, afirma que «con seguridad, hay más de doscientas viviendas en venta».
La realidad es que los anuncios están presentes en una y otra parte de la villa, en la zona alta o en el casco histórico, con vistas al paisaje ribereño o en pleno laberinto urbano. Casas recién construidas o viejas, enormes y de pequeñas. Todo es posible en Fermoselle.
El fenómeno de la compraventa de inmuebles no es nada nuevo en la capital de Arribes del Duero, enfrascada desde hace años en una transformación hacia la modernidad y el gusto turístico, convencidos de que este sector es el que tiene mayores perspectivas de futuro para la población.
Como razones de venta se apuntan motivos de muy diversa naturaleza. Algunos han mudado de lugar en la propia villa, y han decidido instalarse en nuevas viviendas construidas con gran estética y comodidad en los exteriores. «La gente tiende a ir fuera del pueblo. Buscan la independencia en una parcela y no estar pegados a ningún vecino, aunque luego vayan a tomar el vino al bar», expresa Manuel Fermoselle.
«Son viviendas de particulares que se venden para reconstruirlas. A veces son los padres, ya mayores, o sus hijos quienes las venden», afirma el alcalde del municipio, Manuel Luelmo.
La portavoz socialista, Teresa Peñas, acaba de colocar el cartel de venta en su recién estrenada vivienda, diseñada con grandeza y amplitud. Es actualmente la más cara: 450.000 euros. Son 440 metros cuadrados, con cuatro cuartos de baño enormes, bodega y un buen jardín, entre otros regodeos. «Es muy grande para mí. Se hizo para compartirla y estoy sola», expresa. También está a disposición de los compradores la casa de su madre.
Teresa justifica la profusión de venta en que «hay gente mayor que ha ingresado en la residencia y vende su casa, en herencias que los hijos ponen a la venta porque ya tienen su propio hogar, y en personas que están fuera y a las que no les tira el pueblo».
Hay a la venta inmuebles de muy diferente dimensión. En el barrio de Santa Colomba está en oferta una casona de tres plantas, pero también existen otras que están entre las más baratas de España, 6.000 euros. Eso sí, «tienen unos 20 metros cuadrados útiles y necesita una reforma».
«En los últimos tres meses se han comprado más de 25 ó 30 casas» subraya el concejal, Segismundo Barrueco, que haciendo referencia al precio manifiesta que, «aunque son para tirarlas enteras, no se venden baratas».
Es más, el hecho de que Fermoselle destaque, para envidia de muchos Consistorios, entre los municipios sumidos en una profusión de obras de construcción, que mantiene el paro laboral bajo mínimos, hace que las restauración no se acometa de hoy para mañana. «Pregunta a un constructor y le dices que comience la casa dentro de un mes, del ataque de risa que le pega se cae al suelo» dice Barrueco.
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