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Moisés Sánchez Ramos| Delegado de Cáritas Salamanca

«Si no hay cultura, la pobreza es más profunda. Por eso damos mucha importancia a la formación»

«Me preocupa no estar a la altura de los problemas. Temo que llegue el momento en que no podamos atender las necesidades»

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Moisés Sánchez Ramos, el miércoles en Salamanca.
Moisés Sánchez Ramos, el miércoles en Salamanca.  Foto C. S.

IRENE GÓMEZ Afable y cercano, el sacerdote Moisés Sánchez se considera salmantino, provincia a la que se traslado siendo bien niño, aunque lleva «muy dentro» sus raíces y se le ilumina el rostro cuando se le habla de Zamora. A lo largo de esta entrevista rememora sus orígenes y expresas sus inquietudes ante el nada plácido reto de asumir la Delegación de Cáritas en Salamanca. «Me preocupa no estar a la altura de los problemas», se sincera.


-Nació en tierras zamoranas, concretamente en la dehesa de San Pelayo, ¿como fue ver allí la luz?


-Mis padres eran los dos de la provincia de Salamanca y parece ser que a mi padre le salió el trabajo en la Dehesa de San Pelayo, donde estuvo de rentero. Era una finca de los marqueses de Villagodio, con mucho ganado, donde vivíamos varias familias. Tendría yo apenas dos años y nos trasladamos a la dehesa de Santarén, en Sayago. Supongo que surgiría una oportunidad mejor de trabajo y allí también estuvimos poco tiempo. Cuando yo tenía cuatro o cinco años nos volvimos para Salamanca.


-¿Y ya no retornaron nunca más a Zamora?


-Desde la finca de Santarén nos trasladamos definitivamente a la provincia de Salamanca, a Golpejas, un pueblo situado en la carretera de Vitigudino. Yo me considero de Golpejas, aunque cuando me hablan de Zamora no olvido mis orígenes y me gusta mucho hablar con los zamoranos cuando coincido con alguno.


-¿Ha vuelto a su lugar de nacimiento?


-Pues, precisamente el año pasado, con motivo de mis bodas de oro sacerdotales, estuve en Coreses con un grupo de sacerdotes del Arciprestazgo. Fue muy emotivo, me permitió recordar mis orígenes y vi a algunas personas que se acordaban de mis padres. Disfruté mucho porque estuvimos en la Iglesia, vi la pila bautismal en la que me bauticé. Fue una jornada preciosa, la pena es que no nos pudimos acercar a San Pelayo.


-¿Nunca volvió entonces a la dehesa?


-Antes de la visita del año pasado fui una vez con mi madre y mis hermanos a San Pelayo porque nunca me olvido de que he nacido allí. Fue una jornada muy bonita.


-¿Cuándo supo que quería ser sacerdote?


--Bueno, eso es algo que no surge así, de un día para otro. Es todo un proceso. Daba la casualidad de que mi hermano estudiaba en los Jesuitas de Carrión de los Condes y, al llegar a los once años, fue allí como algo natural. En aquella época, ir al Seminario era algo normal. Después entré en el Seminario de Calatrava y más tarde me licencié en Teología. El sacerdocio es algo que va madurando.


-Ya lleva más de media vida...


-Sí, me ordené en el año 1958. Y también estuve en Roma haciendo la tesis doctoral durante los años 1962 a 1964 coincidiendo con el Concilio Vaticano II.


-Sin embargo, buena parte de su trayectoria ha estado vinculada a la enseñanza


-Efectivamente, al regresar a Salamanca ejercí como profesor de Religión en el Instituto "Fray Luis de León" trece años y después en el Instituto "Mateo Hernández", donde estuve 22 años. Al mismo tiempo alternaba la actividad docente con la delegación de Apostolado Seglar y la actividad parroquial sustituyendo en ocasiones a sacerdotes. Mi vida se ha dedicado fundamentalmente a la docencia y al apostolado seglar, hasta que me jubilé de la enseñanza y fui de párroco en La Anunciación del Señor, en la zona de la estación de ferrocarril, hasta septiembre de este año que me propusieron la delegación de Caritas.


-¿Fue una sorpresa o se esperaba este nuevo cometido?


-No lo esperaba. Cuando me llamaron dije, "pero si es un cargo de mucho trabajo". Me lo pensé unos días, confiaban en que dijera que sí y al final acepté este nuevo compromiso.


-Un reto nada fácil, según están las cosas?


-Pues ciertamente. Una cosa es ser cura con todas las delegaciones y otra asumir la responsabilidad con todo lo que lleva Caritas en Salamanca; tanto de personal, voluntarios, muchas funciones, trabajo con numerosos colectivos... Al ser el órgano oficial de la Diócesis para la lucha contra la pobreza y contra la injusticia, Cáritas trata de contribuir a que la pobreza sea menor, a atender a los inmigrantes, a los drogadictos, a los colectivos excluidos... Pero también hay un aspecto fundamental, que es la formación de la personas a través de la promoción de todos los valores. Si no hay cultura la pobreza es más profunda. Por eso, por ejemplo, prestamos atención a los inmigrantes a través de talleres lingüísticos. Es importante que sepan defenderse y se formen para afrontar mejor los problemas. De manera, que no es tanto el trato asistencial, como ese aspecto tan importante de la formación.


-Pero en momentos de crisis se agudizan las carencias y desde Cáritas percibirán esta realidad de forma muy directa.


-La crisis se percibe cada vez con mayor incidencia. Son muchas las familias que antes no acudían a pedir ayuda y ahora sí lo hacen porque tienen necesidades; en muchos casos no entra ningún sueldo en casa. Y las carencias aumentan día a día. Los transeúntes están en la calle, son personas que necesitan una atención inmediata. No podemos dejar de mirar hacia esos colectivos, hacia los inmigrantes, cada vez con más problemas. Se está agudizando mucho la crisis y lo peor es que no se ve una luz.


-Empieza a afectar a la clase media.


-En España había una clase media generalizada que cada vez disminuye más. Cada vez hay más países donde no hay clase media y eso no es positivo. Las pequeñas empresas pierden rentabilidad y esas familias empiezan a ser pobres; aunque la palabra pobre tiene muchos grados y muchos matices. Pero la realidad es que no se observa una mejoría.


-¿La Iglesia, tantas veces en tela de juicio, está respondiendo correctamente a esta realidad?


-Es verdad que a la Iglesia se le enjuicia, hay que dar respuesta a este mundo de pobreza y de marginación. Algunos sólo equiparan la Iglesia a la jerarquía y la burocracia, a la institución en sí. Pero los que están a pie de tierra, dando una respuesta a las necesidades, también son Iglesia.


-¿Y qué se puede decir de la sociedad, está respondiendo en un momento tan difícil?


-La sociedad es un ente demasiado abstracto, yo hablaría más de personas, individuos. Hay unos grupos minoritarios, estupendos, con gran sensibilidad hacia los problemas de los demás. La prueba la tenemos en el voluntariado, que está respondiendo y atendiendo a los diversos colectivos de exclusión en los programas que tenemos en marcha. Desde la Iglesia el primer domingo del mes en Salamanca se recaudan fondos para atender a los pobres. Sabemos que gracias a estas colectas podemos ir respondiendo a muchos proyectos. La verdad es que esta ayuda tendría que ser más intensa, más continua, pero, con las dificultades actuales, tampoco es un momento muy propicio para las colectas.


-¿Qué es lo que más le inquieta como responsable de Cáritas?


-Me preocupa no estar a la altura de los problemas, no dar una respuesta real ante tantas demandas y tan variopintas. Temo que llegue el momento en que no podamos atender a todas las necesidades.


-Parece que usted no confía mucho en los «brotes verdes»...


-Se habla de que se notarán en primavera, pero creemos que son tácticas para que la gente no se asuste demasiado. De hecho, el paro sigue creciendo, los inmigrantes tienen muchas dificultades. Todo está multiplicado, nos llegan situaciones de personas realmente dramáticas y en el año 2010 las cosas pueden estar peor.


-¿Se han encontrado con situaciones de hambre?


-Yo personalmente no, pero sí peticiones de necesidades muy básicas, demandas de ayuda a viviendas, ayuda para pasar la noche. Necesitamos estar preparados para dar una respuesta inmediata. No he detectado casos de hambre real, pero no quiere decir que haya personas en esa situación y que podamos llegar a conocerlas.


-¿Usted, que vivió la primavera de la Iglesia con el Concilio Vaticano II, cree que puede revivir ese momento?


-El tema de la Iglesia es muy amplio. Yo prefiero hablar de presencia de personas en la Iglesia, de cómo respondemos. Cuando uno va a Roma ve la Curia, la burocracia, y eso hacer perder algo la perspectiva, entonces surge la crítica. Pero todo eso también es necesario porque el volumen de la Iglesia es muy grande y hace falta tener servicios. Al margen de eso, es verdad que tenía que haber un mayor acercamiento a los problemas del hombre. Quizá algunas veces no llega a la gente. La Iglesia es sensible a esas realidades, pero también es necesario un examen de conciencia. Hay que hacerlo siempre porque si no perdemos la perspectiva de la realidad.


Dehesa de San Pelayo, 1934


Nacido en la Dehesa de San Pelayo, perteneciente al municipio de Coreses, el 8 de enero de 1934, Moisés Sánchez Ramos estudió en el Seminario Diocesano de Calatrava y en el Colegio Mayor San Carlos Borromeo de Salamanca. Se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca en 1958, año en el que también fue ordenado sacerdote. Sus primeros pasos como presbítero los dio en la parroquia de Macotera (Salamanca). Posteriormente continuó estudios en Roma, donde se doctoró en Teología Catequética en el año 1964. Su vida ha estado dedicada a la evangelización de los jóvenes como profesor de religión en los Institutos de Bachillerato «Fray Luis de León» y «Mateo Hernández» de Salamanca. Esta dedicación como profesor la compaginó con la responsabilidad en la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar. En septiembre fue nombrado delegado Diocesano de Cáritas en Salamanca.

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