CHANY SEBASTIÁN
Gallegos del Río vivió el pasado domingo un día especial pudiendo contar con tres actos religiosos el Ofertorio de la Virgen del Rosario, un bautizo y misa dominical, algo complicado en estos tiempos de crisis, muy en particular por la escasez de sacerdotes que cada fin de semana tienen que atender a un gran numero de pueblos en el arciprestazgo de Aliste.
Gallegos del Río, que hasta los años noventa contó con párroco propio, pertenece actualmente a la Unidad de Acción Pastoral de Valer de Aliste, donde vive el párroco toresano Fernando Lorenzo Martín, que también atiende a las parroquias de Fradellos, Bercianos de Aliste, Flores, Puercas y Domez de Alba.
Pasado el mediodía se iniciaron los actos con la procesión de la Virgen del Rosario por las principales calles del pueblo, llevada en andas por las mozas, abriendo la comitiva la «Vara» del Rosario y la Cruz Parroquial. Aunque misa y procesión si que se mantienen en la mayoría de los pueblos alistanos, Gallegos del Río cuenta con la particularidad de que es de los pocos mantiene la costumbre de cantar el ramo y elaborar y sortear entre los feligreses el ramo de rosquillas al terminar los actos religiosos, siempre muy concurridos y en esta ocasión más a coincidir con el puente de la Virgen del Pilar que trae consigo el regresos de cientos de emigrantes alistanos.
La escasez de matrimonios jóvenes y la emigración ha dejado a los pueblos con una población envejecida y sin nacimientos, niños y bautizos. Por ello cada vez que en un pueblo hay un bautizo es todo un acontecimiento. Gallegos del Río disfrutó el domingo del bautizo de Darío, al que aún nacido en Madrid, sus padres Isidoro (Valer) y Cristina (Gallegos) quisieron que recibiera su primer sacramento cristiano en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, muy antigua y con unos interiores únicos. En el pueblo de Gallegos se mantiene la antigua tradición de que el sacerdote salga a la puerta de la iglesia a recibir a niños, padres y padrinos. El pueblo es uno de los pocos que mantiene el bautisterio como tal, con su pila de cantería labrada, que adornada de flotes volvía a cumplir su cometido, antes más habitual.
En los pueblos alistanos se mantienen dos tradiciones muy peculiares. La primera de ellas es que el padrino, en este caso Alejandro San José Garrido, sea el primero en tocar las campañas. Luego llegó la tradición más pura del medio rural donde hombres y mujeres, niños, jóvenes y mayores disfrutaron recogiendo las golosinas. Los padres y los padrinos comenzaron a tirar caramelos que los vecinos fueron recogiendo.