BELÉN ALONSO.
Vecinos de Rioconejos denuncian la ausencia total de agua en el río Sapo, afluente del río Negro, a su paso por la localidad. Ni los más ancianos del pueblo recuerdan nunca haber visto al río sin agua «tal vez con poco caudal, pero seco como está, en la vida».
Los habitantes de la localidad apuntan como posible causa de la sequía «un mal control del río o el desvío del caudal en algún tramo del recorrido». Ambas circunstancias están siendo investigada por la Confederación Hidrográfica del Duero y por el Seprona.
Rioconejos, un pueblo con 30 habitantes censados alberga durante los meses de verano a más de 300 vecinos, pero no sufren problemas de abastecimiento puesto que se surten de un manantial y de un pozo de sondeos.
«Se veía venir»
Los vecinos aseguraban a este diario que «la situación se venía venir», hasta el punto que dieron aviso a los agentes medioambientales con el fin de que sacarán las truchas que quedaban aisladas en pequeñas pozas. «Gracias a Dios vinieron enseguida y se llevaron centenares de piezas. Muchísimas truchas del segundo y del primer año, alguna menos de reglamento. Estuvieron cerca de tres días y se las llevaron al río Negro».
Los habitantes criticaron también el estado en que ha quedado la fosa séptica, «al aire» lo que hace que se produzcan un olor «nauseabundo» que llega a cientos de metros a la redonda de sus ubicación.
La situación del río Sapo a su paso por el municipio de Rioconejos no es única este verano en la comarca ya que el cauce del río Negro, a su paso por Santa Eulalia del Río Negro, se encuentra prácticamente seco en estos días. Los habitantes de la localidad achacan el problema a las obras que se realizan en la presa del río en la localidad de Peque.
Los trabajos que se están realizando en el caudal del río Negro consisten en la eliminación y condicionamiento de los azudes y diques para facilitar el paso de la fauna piscícola; la colocación de elementos de retención e n los márgenes del río; la limpieza de las fosas séptica adyacentes a los cauces y de residuos sólidos; la restauración de la vegetación afectada por incendios forestales para evitar la erosión; plantaciones y siembras de especies propias de ribera y el acondicionamiento de los accesos al cauce y mejora de los pasos existentes en el mismo.