I. GÓMEZ,
Fermoselle
Fermoselle ya es una fiesta. Como es tradicional, el gran aperitivo de los encierros que comienzan hoy en la pintoresca villa sayaguesa es la romería del emigrante. Pueblo de la diáspora donde los haya, cada verano cientos de hijos de la tierra retornan a sus raíces. Son los emigrantes; aquellos que, años ha, partieron en buscar de mejor vida. La mayoría a América, donde echaron raíces sin perder ni un ápice el origen y la querencia fermosellana.
En recuerdo de todos aquellos que se abrieron camino allende las fronteras, Fermoselle se concentra cada año en torno al monumento al emigrante, erigido a las afueras de la villa, junto a la carretera comarcal 527. Desde su inauguración, en el año 1992, los fermosellanos peregrinan hacia el paraje desde la Plaza Mayor, donde se reunieron ayer a las siete de la tarde, para recorrer el camino de aproximadamente un kilómetro hasta el monumento al emigrante, obra del escultor zamorano Ricardo Flecha. Allí, junto al hombre que maleta en mano y con el hatillo a la espalda representa a los hijos de emigración, los fermosellanos asistieron a una misa multitudinaria, donde no se obviaron las referencias a los sayagueses que tanto dejaron para ganarse el pan.
La música de la gaita y el tamboril, junto a las peñas y la emblemática de «El Pulijón», acompañaron al cortejo que partió de la Plaza Mayor, presidido por el alcalde de la villa, Manuel Luelmo, y el resto de la Corporación Municipal. La fiesta del emigrante es un acontecimiento popular, muy del pueblo, muy sentido porque no hay familia carente de experiencias migratorias. No en vano Fermoselle se tiene por el pueblo más emigrante de la provincia y el mes de agosto, muy especialmente las fiestas de San Agustín, constituyen el gran espacio de encuentro. La villa multiplica su población, las casas vacías retornan de vida, las familias se amontonan en las casas y son cada vez más los forasteros que no se pierden unos de los encierros más pintorescos de la Comunidad Autónoma.
Pero eso es hoy. Ayer fue tarde de emociones y recuerdos. Tras la misa campera tuvo lugar la tradicional degustación de chochos, cacahuetes y limonada. El tiempo, con unos grados de más, acompañó a la romería del emigrante, que se prolongó hasta bien entrada la tarde. Pero la fiesta siguió con la entrega de trofeos del Deporte en la Plaza Mayor para concluir la jornada con una verbena y, ya de madrugada, el primer contacto con los festejos taurinos con la suelta de la vaquilla de los mozos.
El gran espectáculo comienza hoy, a las once de la mañana, con el primer encierro desde los corrales de San Albín hasta la Plaza Mayor. Todos esperan ansiosos el toque de la campana torera; esa que desde el Ayuntamiento anuncia el gran festín.