CH.S.
Desiderio López Puente nació el día 29 de febrero de 1928 en Litos. Persona sencilla y culta, abierta y amiga de todos, ayer recibía un cálido homenaje. Su afición, a los 81 años, es la escultura.
—El camino ha sido largo e intenso, a veces duro, pero ha merecido la pena. ¿O no?
—Sí. Con solo doce años me fui al convento a Toro y allí hice toda la carrera hasta cantar misa el 28 de mayo de 1952 en el Congreso Ecuménico de Barcelona ya como Fraile Mercedario Descalzo. Mi primer destino fue Zumaya, puerto de mar, en Guipúzcoa, donde estuve seis años. En 1958 me enviaron a l otro lado de España, a Marchena, en Sevilla, don pasé quince años de mi vida. Sin olvidar a mi tierra ni a los míos, mis familiares y paisanos, viniendo cuando podía. En 1973 deje de ser fraile y el Obispo de la Diócesis de Astorga me propuso encargarme de la parroquia de Calabor, en Sanabria, rayando con Portugal. Tras nueve año allí, al morir don Sigilfredo, me enviaron a mi tierra, viviendo en Villanueva de las Peras y atendiendo a Litos, mi pueblo, donde sigo, y a Bercianos de Valverde y Santa María hasta enero de 2009.
—Vivió la guerra como niño y la postguerra como joven. Tiempos muy duros, para todos.
—Lo pasamos muy mal, los frailes también, había racionamiento. Pasamos mucha hambre. Cuando me ordené sacerdote, con veinticuatro años, vestido, con habito de estameña y zapatos, sólo pesaba cuarenta y dos kilos.
—Sus paisanos le quieren. Un buen lugar para jubilarse.
—La verdad es que no me lo esperaba, no se si lo merezco, pero se lo agradezco mucho. El cariño y el respeto son recíprocos. Les he dicho que sigan siendo tan buenos fieles y yo intentaré ser mejor cura. Mi idea es es seguir aquí ya siempre, hasta que Dios quiera.