ORATIO COMUNICACIÓN
A medio camino entre Venialbo y Toro, se sitúa un pueblecito cuya población no llega al centenar de habitantes. Si Robert Parker –el afamado enólogo que santifica con sus notas los vinos de todo el mundo– tuviera que calificar la relación entre el escaso número de vecinos y la actividad que bulle en el término toresano, probablemente no dudaría en otorgarle los cien puntos.
Los mismos que en 2004 forjaron la leyenda de la bodega Numanthia-Termes, ubicada desde 1999 en este mínimo municipio. A partir de aquí, lo que van a leer es un baile de nombres propios, marcas o artículos que tienen que ver con la excelencia y, para hilar fino, con el lujo. Porque al vino Thermanthia exprimido en esta bodega –por entonces en manos de la familia riojana Eguren– aquella cosecha, obtuvo la máxima calificación de «The Wine Advocate», la revista del prestigioso Parker.
Esa circunstancia y la calidad de aquel «vino perfecto» que hoy se cotiza a 800 euros la botella llamó la atención del grupo Moët Henessy-Louis Vuitton, cuya división de moda y marroquinería es la más afamada del mundo.
Así, el pasado año, el grupo decidió comprar a la familia Eguren la bodega Numanthia-Termes para integrarla en la división de vino y bebidas espirituosas de la firma, donde se encuentran situados. «La estrategia fue encontrar perlas, verdaderas joyas en todo el mundo, que han adquirido una fama internacional por la calidad de sus vinos», explica Manuel Louzada, director de la bodega de Valdefinjas.
Y entonces, Numanthia-Termes se convirtió en la «última joya» de Louis Vuitton. «Somos la última adquisición y referencia en Toro. No os imagináis la fuerza de la marca en Estados Unidos y el reconocimiento que tienen los vinos de Toro», asegura entusiasta Louzada, un enólogo de origen portugués y que se ha recorrido las bodegas de medio mundo para hacer parada y fonda en la localidad zamorana.
Con aquella adquisición, la bodega suma sus prestigiosos caldos al glamour de firmas como Dom Perignon, Moët Chandon o Ruinart, todas encuadradas en el grupo francés. Ahora viene la pregunta. Si los vinos Numanthia y Termanthia se elaboran en las mismas condiciones que el resto de caldos de la DO Toro, ¿qué convierte a esta pequeña bodega en esa «auténtica joya»?
«Los vinos de Toro tienen una calidad impresionante: viñedos de más de cien años que luchan cada año en condiciones durísimas para producir una uva de altísima calidad. El proceso de elaboración, absolutamente artesanal, es lo que marca la diferencia», argumenta Louzada. Esto es, que, según los responsables, los consumidores de vino de todo el mundo «valoran la intensidad de Toro, pero con una cierta elegancia».
La segunda pregunta es obligada. ¿De dónde vienen los nombres de los vinos? «Numancia es una ciudad que conoce todo el mundo. Se quiso hacer un paralelismo entre el viñedo de Toro, que resistió bastante bien a la filoxera en el siglo XIX, con la célebre resistencia numantina», explica Rubén Pérez, a la sazón ex arqueólogo y responsable de la bodega. «El caso de Termanthia es similar. Termes es una ciudad prerromana de Soria. Es un símbolo de exclusividad, tenacidad, resistencia... De ahí que todas las botellas lleven etiquetas con motivos copiados o inspirados en los celtíberos prerromanos», se recrea el bodeguero.
Con estos datos, se entiende algo mejor la dimensión de Numanthia-Termes. Falta por descubrir a qué saben sus vinos. «Numanthia es nuestro buque insignia. Tal es la intensidad de los viñedos, que el vino aguanta un segundo paso por barrica nueva hasta completar los 18 ó 21 meses totales», explica Manuel Louzada.
No obstante, la misión de estos «luchadores numantinos» no permite relajación. «Nuestro objetivo es hacer uno de los mejores vinos de España en cada cosecha», declaran orgullosos. Un vino que esté a la altura del glamour de todo lo que rodea a la punta de lanza del preciado producto que se obtiene en Valdefinjas.
Con menos glamour, pero con elevadas expectativas, se encuentra la Cooperativa Campiña, que junto con las bodegas «Cyan» y «Teso la Monja» completan la actividad vinícola de Valdefinjas. Campiña nació en 2005, pero es ahora, cuatro años después, cuando su actividad comienza a ganar altura. «No hubo una buena gestión en la junta anterior. Ahora, los socios han cogido mucha moral. Estamos vendiendo muy bien, sobre todo para fuera", analiza Trinidad Varas, el tesorero de la cooperativa.
De ahí que la bodega, que actualmente cuenta con 19 socios frente al más de medio centenar que apoyó su nacimiento, haya creado sólo una marca, "Sabor Real", para exportarla a países como Alemania, Bélgica, Canadá, Malasia o Japón. "Los vinos de Toro son de cuerpo, resistentes. Proceden de parcelas especiales de terrenos arenosos y de grava, de ahí su sabor", añade Varas Salvador.
Una vez superado el duro inicio, Campiña se erige como una de las empresas de futuro de Valdefinjas, con proyectos tan ambiciosos como convertir la parcela en la que se asienta en un referente de la DO Toro, enfocando parte de sus esfuerzos al incipiente ecoturismo.