CHANY SEBASTIÁN.
Cuarenta y cuatro días de lluvia que solamente dejaron 254,8 litros por metro cuadrado. Esa es la triste realidad climatológica de la primera mitad de 2009 en la comarca de Aliste, lo cual le convierte en uno de los semestres más secos de la última década y en la antesala de una sequía veraniega que se prevé larga, dura y problemática para el abastecimiento domiciliario de agua potable, al bajar los manantiales y los pozos de sondeo, y para la ganadería, al ir secándose progresivamente los ríos. De momento el Aliste, Frío, Cebal, Espinoso y Mena ya han dejado de correr y de rendir su tributo al Esla. A duras penas el Manzanas aguanta por los términos fronterizos de Riomanzanas, Villarino, Moldones, Nuez, San Martín del Pedroso y Latedo antes de introducirse en Portugal camino del Sabor y del Duero.
La lluvia se hace cada vez más de rogar y muestra de ello es que de los 182 días de la primera mitad del año el cielo solamente soltó agua, aunque poca, en 44: más concretamente 17 en enero, para seguirle 10 en abril, 7 en febrero, 5 en junio, 3 en marzo y 2 en mayo.
En 2008 en el mismo período cayeron en tierras alistanas 448 litros por metro cuadrado, en 2007 fueron 385 y en el 2006 entorno a 364. El primer semestre más seco fue el de 2005, en que solo se alcanzaron los 178 litros. El año anterior habían caído 250 y 2003 fue un año más lluviosos con 470 litros.
Este año, enero fue el mes más lluvioso con 112,25 litros, seguido de febrero con 66,5, junio con 31,25, abril con 28, 3, mayo con 8,2 y marzo con 7,25. El período más largo sin caer ni una sola gota de agua fue de treinta y dos días, desde el 6 de marzo al 6 de abril.
Una de las cosas que más sorprende a los más ancianos es la ausencia casi total en verano de tormentas con truenos, relámpagos y agua: «Antes en julio y agosto cuando andábamos trillando cada dos o tres días había tormenta, nos mataba a trabajar juntando las parvas para que no se mojasen y extendiéndolas luego. Ahora hay años que no se ve ni un rayo». Otra cosa que sorprende es el secado de fuentes de toda la vida, cosa que se achaca a la perforación incontrolada e ilegal de pozos de sondeo, «que no controla nadie».