IRENE GÓMEZ.
Pereruela, «"Guardianes de recuerdos" es un libro mágico que narra historias como las que nos cuenta "Alicia en el país de las maravillas", uno de los libros más admirables». Las palabras de Amando de Miguel –catedrático de Sociología e hijo de Pereruela– introducían la última creación de Ramón M. Carnero, autodidacta y escritor perigüelano, que ayer presentaba en su pueblo y con el paraguas de su vecino más ilustre, un nuevo libro basado en los relatos de los abuelos. Aquellos que surgían al calor de la lumbre y que un Ramón niño absorbía como una esponja. «Cuando empecé a entrar en contacto con la gente mayor comencé a darme cuenta de las cosas que se habían ido». Y de ese proceso de reflexión nació este nuevo trabajo (son ya 16 libros escritos y catorce publicados).
En ese recorrido «mágico» por la tradición oral y la cultura sayaguesa, aparece un ficticio Amando de Miguel como compañero de pupitre del autor. Y con esa interpelación literaria presentó el sociólogo a la «nueva criatura. Esto es como un bautizo civil en el que yo soy el oficiante». El salón de actos del Ayuntamiento de Pereruela se llenó para asistir a la presentación de "Guardianes de recuerdos", cuyo autor, «Ramón M. Carnero y yo, somos socios fundadores de la Asociación de Escritores de Pereruela, abierta a todas las personas, con tal de que les guste eso de escribir», apuntó Amando de Miguel.
El sociólogo, uno de los personajes inventados de "Guardianes de recuerdos", consideró el libro de Carnero como «una lectura obligada para todos los perigüelanos y para todas las visitas al Molino de Bárate». Porque «es un libro de recuerdos. La vida de una persona es su infancia y sus recuerdos», en este caso los de una sociedad tradicional, «más sencilla que la sociedad actual». Amando de Miguel no dudó en calificar la publicación de su paisano como «un libro mágico que juega entre la realidad y la fantasía». Al igual que en las «obras clásicas los personajes inventados luego son reales . Recuerda a ese juego de lo inventado y lo real».
Y en ese imaginario que relata Ramón M. Carnero «hay mucho elementos reales de la vida de Pereruela», como el «trabajo infantil, que hoy se considera un delito pero en aquella infancia no estaba clara la división entre trabajo infantil y diversión infantil. Y el niño Ramón iba a cuidar las vacas porque a él le apetecía», evocaba Amando de Miguel. Aunque si algo destacó el sociólogo de su Pereruela natal es el «amor por la escuela; iban todos los niños Eso en Pereruela era sagrado», apuntaba entre un público que acompañaba sus palabras con las vivencias de cada uno.
Tampoco dejó pasar alto el "palabrario" que extrae Carnero en el libro, con términos muy sayagueses que llegan a componer un vocabulario propio, sin confundirlo con una lengua zamorana, «que no hay, sino que hablamos de una variante del castellano que está muy bien recogida en el libro». Palabras como sobrado, chupalindraina o chupilindraina, que tantos recuerdos trae a Amando de Miguel, cuando su madre le reprendía "no seas chupilindraina", referido a aquel niño irredento que «quiere el postre antes de la sopa o no como el chorizo porque pica». O la imagen del molino de Bárate, «una institución que conserva aquella maquinaria antigua que tanto me fascinó».
El sociólogo y escritor volvió de la vorágine de la gran urbe a su tranquilo pueblo, pasó por la escuela donde aprendió las primeras letras, evocó la infancia. Y al final pudo disfrutar con las canciones tradicionales de "Índale Serano".