SANABRIA- LA CARBALLEDA

«Gracias padre, muchas gracias»

El cazador que abatió semanas atrás el tercer lobo mayor de España rinde un emotivo homenaje a su progenitor

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto

REDACCIÓN. Puebla.- Tres años. Mi padre, mis hijos Francisco Javier, Jaime y yo, Francisco Javier Sémelas, llevábamos tres largos años persiguiendo el sueño de matar un gran lobo en Sanabria. Durante ese tiempo pasé extraordinarios momentos en los que siempre conté con la inestimable paciencia y complicidad de Cristina mi mujer que toleraba con buen humor las ausencias.
He pasado mucho frío en tierras zamoranas. Los guardas Antonio y Arturo han compartido y sufrido conmigo esos rigores. La apasionante aventura comenzó a primeros de diciembre de 2007. Recibí una llamada del gestor cinegético Saturnino Ares para que subiera a Sanabria. Habían encontrado un gran jabalí muerto por los lobos. Lo preparamos todo para viajar el puente de la Inmaculada. Iba a ir con mi padre, mi hermano Alfredo y mi hijo Francisco Javier.
El cinco de diciembre por la tarde una llamada de mi padre me dejó muy apenado. Me decía que no se encontraba bien y que no podía viajar con nosotros. Mi padre a sus 86 años tenía una vitalidad desbordante que le había llevado a matar recientemente un venado de doscientos puntos. Lo lamenté muchísimo porque era mi gran compañero, un amigo con el que llevaba cazando desde que tenía cuatro años.
Como otras veces pensé que se trataba de un inoportuno catarro. Emprendimos viaje un poco alicaídos por esa contrariedad. Habíamos quedado a las siete de la tarde en Puebla con Arturo, un guarda que en el campo lo ve y lo oye todo, para que nos explicara las circunstancias y el lugar donde había aparecido el jabalí.
A las ocho de la mañana, todavía de noche, fuimos al monte y nos situamos a una distancia prudencial del jabalí muerto. Permanecimos mucho tiempo a la espera, pero sin éxito. Primer intento fallido. Al día siguiente tampoco hubo suerte, pero en el ambiente se respiraba el nerviosismo. Los lobos estaban cerca.
El día siete por la mañana recibimos una llamada. Nos comunicaban que mi padre había ingresado en la UCI. Regresamos a Madrid a toda prisa y cuando llegamos mi padre estaba en coma. A las tres de la tarde fallecía. Mi padre, mi amigo, mi compañero de toda la vida me había abandonado. Dios te tenga en su gloria, padre. ¡Descansa en paz! Tu ilusión por matar un lobo no pudo hacerse realidad. Seguro que en el Cielo podrás disfrutar mucho más que aquí en la tierra.Quedamos sobrecogidos, llenos de dolor. Mis hijos desolados por la pérdida de su querido abuelo Alfredo? Eran muchos años compartiendo su afición y su gran amor por la naturaleza. Siempre me decía: "Mira Javier qué paisaje tan bonito, Dios lo ha creado y nos ha dejado disfrutar de estas maravillas".
El día 23 de diciembre, sin muchas ganas, volvimos a Sanabria a cazar. Cuando llegamos al puesto que Arturo nos tenía preparado en el coto de Villar de los Pisones lo primero que hicimos mi hijo Francisco y yo fue rezar por mi padre. ¡Cuántos sentimientos y recuerdos se agolpaban en la mente y en el corazón!
El sol invitaba a contemplar la naturaleza salvaje que nos rodeaba. De pronto mi hijo, en un alarde de rapidez y reflejos, cogió el rifle y cuando nos dimos cuenta vimos abatido un extraordinario lobo. ¡Qué puntería, qué ejemplar tan bonito! Mi hijo no se lo creía. Nos abrazamos y los dos pensamos lo mismo: "Gracias abuelo Alfredo".
Por la tarde volvimos y nos colocamos en otro puesto. Había un frío helador. No vimos nada. Arturo me convenció para que esperáramos al día siguiente, Nochebuena. Le hicimos caso. A las ocho de la mañana, con una helada tremenda estábamos en el puesto en el que tantas veces habíamos estado con mi padre. Rezamos otra vez por él dándole las gracias por el lobo que había cazado mi hijo. A las 8,30 Arturo me avisó de que estaba entrando un lobo enorme. La visibilidad no era buena. Al fin consigo localizarlo con los prismáticos.
Después de unos minutos lo ubico en el objetivo del rifle. Tras dos inspiraciones profundas disparo: el animal sale corriendo hacia los matorrales del río y no lo volvemos a ver. Arturo y mi hijo creyeron que había fallado. Nos vamos al coche y avanzamos muy despacio hacia el lugar del tiro. ¡Había sangre!
Arturo y yo nos adentramos en el espeso matorral y allí estaba, tendido entre unos piornos ¡Qué emoción! Tres años para conseguir esta hazaña. Llamé a mi hijo y nos fundimos en un abrazo. En nuestra mente un solo pensamiento: «ha sido un regalo de mi padre, del querido abuelo». Este sueño no hubiera sido realidad sin Saturnino Ares que con su empeño ha creado un paraíso cinegético en Sanabria. Quiero agradecerle que nos haya permitido tener estos extraordinarios trofeos. También a los guardas Antonio y Arturo, que tanto se esfuerzan para que todo salga bien.

COMPARTIR
 
  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN DE ZAMORA |  LOCALIZACIÓN Y DELEGACIONES |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD:  TARIFAS |  AGENCIAS |  CONTRATAR  
laopiniondezamora.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondezamora.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad 2009