Las grandes incógnitas por despejar

La segunda semana comienza con la declaración de agentes policiales, entre ellos los llegados de Burgos para ayudar a sus colegas de León

26.01.2016 | 00:52
Montserrat González (centro) y Raquel Gago, derecha, durante el juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de León.

Mañana lunes a las nueve de la mañana se reanuda en la Sala Tercera de la Audiencia Provincial de León el juicio por la muerte a tiros el 12 de mayo de 2014, de la que fuera presidenta de la Diputación y del PP, Isabel Carrasco. Sin dudas sobre la ejecución material del asesinato de la política leonesa desde el mismo momento en que lo cometió, al haber dos testigos que vieron cómo disparaba tres veces tras un primer impacto que solo escucharon, la vista plantea todavía varias incógnitas que se espera puedan ser despejadas en las tres semanas que restan de declaraciones en el caso más mediático vivido hasta la fecha en la ciudad.

Después de hacerlo las tres acusadas, Montserrat González, Triana Martínez y Raquel Gago y varios policías nacionales y municipales, todavía son más de 90 los testigos que faltan por comparecer en el juicio, además de forenses y peritos. En las primeras y maratonianas sesiones no han faltado sorpresas como la que se produjo cuando el jueves 21 el principal testigo, un policía ahora jubilado y entonces en segunda actividad, Pedro Mielgo, no se reconoció en la reproducción de la grabación de una llamada al Servicio de Emergencias 112 que habría hecho mientras seguía a la autora de la muerte de Carrasco.

La mujer de Mielgo sí identificó su voz y un agente dio por hecho que era él quien se dirigió a ellos -señalando que Montserrat era la asesina- con palabras que fueron reproducidas numerosas veces en la sala: "Se me ha despistado. Un momentico... está por aquí. Esta es, esta de aquí. Que sí, que es ella, es la de la pasarela. Mírale el bolso y analízala". El policía jubilado insistió tras abandonar la Audiencia en que él no hizo esa llamada y añadió que una mujer que asistía a la vista como público dijo que "esa es la llamada de mi marido".

Tanto la esposa como el agente hicieron una descripción detallada de su encuentro con Montserrat en la pasarela en la que mató a Isabel Carrasco. Mielgo relató que llevaba una gorra oscura de paño, gafas de sol, un pañuelo grande que le tapaba los hombros, parka color caqui, bolso negro y zapatos bajos. "Cuando nos cruzamos iba a unos dos metros detrás la otra. Una vez que la rebasamos mi mujer me comentó "esta tiene que ser la escolta", dijo. Después, sonó un ruido como de un petardo, se volvieron y vieron a la señora rubia "cayendo hacia adelante, como rígida y cuando estaba en el suelo la otra dio dos pasos, se agachó y se puso a la altura de su cabeza e hizo tres disparos".

A partir de la incongruencia sobre la llamada, la defensa de Montserrat y Triana, madre e hija, reclamó que se dedujera la existencia de un falso testimonio en la declaración del policía, lo que, en caso de prosperar, podría traducirse en una acusación de falso testimonio. Triana sería la beneficiada de las posibles consecuencias de la desacreditación del testigo clave, ya que las versiones de Mielgo y de la joven se contradicen. Ella sostiene que vio a su madre arrojar el bolso que contenía el revólver que ella pensaba que podía ser un arma reglamentaria de su padre (comisario de la Policía Nacional) mientras el agente insiste en que no fue así porque en ese punto en el que Montserrat se habría deshecho del arma, él la estaba observando y no lo hizo.

Otra de las grandes dudas que arroja todavía el juicio es la actuación de dos policías llegados de Burgos para colaborar en la investigación con sus colegas de León. Ellos fueron quienes conversaron con madre e hija cuando las juntaron en una comisaría y, según las dos acusadas, las habrían convencido para dar una versión de los hechos que permitiría exculpar totalmente a Triana.

Ambas han declarado que pensaron que los agentes querían ayudarlas de verdad, al aludirles a un policía conocido de su marido y padre y testificaron ante la juez del caso -siempre según sus palabras- lo que los policías les indicaron.

Además, ambos acudieron al domicilio de la policía municipal Raquel Gago cuando esta comunicó a un conocido suyo que había descubierto el arma en su coche. Esa presencia fue negada inicialmente a la juez y posteriormente -bastantes días después- rectificaron y declararon que sí habían estado en casa de Raquel. Sus declaraciones ante el juez, el jurado popular y las partes serán seguidas con mucha atención en la sesión de lunes.

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