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No mezclar churras con merinas

Un programa de etiquetado electrónico pretende identificar y dar valor añadido a la carne de ovino de varias razas puras y mestizas nacidas en 2.500 explotaciones de la Comunidad

 12:59  

J. BENITO IGLESIAS/ ICAL El rico acervo popular castellano reúne términos tan conocidos como el de “no mezclar churras con merinas” y en el mundo rural, concretamente en el entorno ganadero de Castilla y León, hacía tiempo que existía una queja generalizada sobre la entrada de corderos de dudosa procedencia que se venden como si fueran autóctonos. Con el objetivo de que al consumidor no le den “gato por liebre”, es decir lechazo ovino por otro que no lo es, la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Ovino Selecto de Raza Churra (Anche) -que ya posee una Identificación Geográfica Protegida (IGP) como distintivo de calidad- ha sido elegida por la Junta para encabezar desde finales de noviembre un novedoso proyecto de etiquetado electrónico de las canales de carne.

Con esta iniciativa, basada en las nuevas tecnologías, el consumidor puede saber exactamente en el momento y en la misma carnicería lo que está comprando mediante un etiquetado especial. Sólo se necesita un teléfono móvil de última generación conectado a internet para leer la etiqueta del lechazo y, a través de los datos recogidos en una página web de la Consejería de Agricultura y Ganadería, se puede ver qué lechazo se ha adquirido, la fecha de sacrificio, peso, de qué explotación procede, quien es su madre y su padre, las personas que supervisan la cría y la autenticidad de la raza.

La Junta ha destinado 350.000 euros a un proyecto piloto en el que de momento participan 60 ganaderías de raza churra de Castilla y León asociadas a Anche con 150.000 cabezas, a las que se subvenciona para adquirir el equipamiento electrónico necesario, con un coste medio de unos 450 euros, lo que permite enviar todos los datos de identificación necesarios utilizando tecnología GPRS. El programa estará abierto a finales de enero a todos los ganaderos que producen carne de ovino en la Comunidad, para dar un valor añadido a su producto, aunque a partir de entonces el coste del aparataje electrónico correrá por su cuenta.

En la actualidad hay en torno a 2.500 explotaciones de carne de ganado ovino en Castilla y León, que suman 3,5 millones de cabezas de varias razas puras y otras mestizas nacidas en la Comunidad. Al sistema de identificación electrónica y trazabilidad de la carne ovina pueden unirse de forma voluntaria los mataderos –ya lo han hecho de momento tres de Burgos, Palencia y Zamora- los comercializadores de lechazo y los transportistas.

Ejemplo de explotación ovina

Son las 9,45 horas de la mañana, nieva en el exterior y cuatro hermanos de la moderna explotación de ovino Sánchez Villada, ubicada en una nave en Villafrades de Campos (Valladolid), se afanan desde hace siete años en las labores propias de cría y alimentación de una ganado selecto churro. Allí, con varios sistemas mecanizados de alimentación y ordeño automático que minimizan el trabajo, se concentran 1.500 ovejas dedicadas a la producción de leche y anualmente salen al mercado unos 1.600 lechazos de raza churra (1,4 de media de partos por cabeza sacrificadas a los 23 días de nacer), dejando 250 corderas hembras de reposición.

“El ganadero obtiene beneficios en todos los aspectos con este sistema de trazabilidad, ya que así se evita una competencia desleal de otros productores hasta hace poco muy acusada, mientras el consumidor puede adquirir un lechazo con todas las garantías de origen, procedencia y pureza de raza”, según señala Teodoro López, veterinario y secretario de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Ovino Selecto de Raza Churra (Anche).

Mientras tanto, en una de las explotaciones donde se aplica el programa piloto, en Villafrades, uno de los cuatro hermanos propietarios pormenoriza la labor de cría de lechazo antes de ir al matadero, que suele ser complicada en los partos. “Hay que emparejar los corderos y cuando nacen se intenta que mamen la primera leche para lograr defensas y evitar enfermedades y, si no lo hacen, se les da de mamar”, indica Miguel Sánchez.

Respecto al nuevo sistema de trazabilidad para la carne de ovino, el ganadero vallisoletano sostiene que las razas ya se diferenciaban antes al poseer la churra una IGP, pero las mejoras siempre son bienvenidas. “Lo que ahora se logra que se sepa con garantías de dónde procede el lechazo que se consume”, dice. Añade que la identificación electrónica “conlleva un trabajo y gasto añadido pero confiamos en que el consumidor elija en función de la calidad que se le ofrece”, arguye.

Carné de identidad ovino

Desde el pasado 17 de diciembre los lechazos castellanos ya se pueden identificar electrónicamente –con una especie de carné de identidad- en el momento del nacimiento, en el traslado al matadero y en su posterior sacrificio a través de un ‘microchip’ que se implanta en la oreja del cordero, cotejando los ganaderos datos con los existentes en el denominado ‘bolo ruminal’ que se instaló previamente en el vientre de la madre que realizó el parto.

En la parte institucional, el director general de Producción Agropecuaria de la Junta, Baudilio Fernández Mardomingo, valora que el proyecto piloto se encaja en las medidas iniciadas por la Consejería de Agricultura para apoyar al sector ovino. “Los ganaderos venían demandando hace tiempo que el consumidor pudiera distinguir los lechazos de Castilla y León y españoles de los que proceden de otros países. En estas épocas navideñas suele llegar lechazo francés a precios más bajos que hunde los mercados, por lo que el programa piloto de identificación electrónica lo que da es información exacta sobre lo que se adquiere para que se pueda escoger y distinguir”, argumenta.

Para acceder al programa de forma voluntaria los productores de ovino interesados deben inscribirse en la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta, para lo que se debe estar dado de alta previamente en el Registro de Explotaciones Ganaderas y Agrícolas (REGA). La página web de la Junta recogerá luego al menos cuatro fotos, una del ganadero, otra de sus instalaciones, otra más de la localidad donde se encuentra situada la ganadería y, finalmente, una de los animales que se crían. Esta información es comprobada por la Unidad Veterinaria correspondiente y luego se cuelga en internet.

El objetivo de la Consejería de Agricultura es tener identificados a todos los animales ovinos adultos de una explotación concreta con información que se actualizará periódicamente y al menos una vez al año. Los datos se enviarán después al servidor de la Junta validándose a continuación. Sólo las madres inscritas en el Código de Explotación Agrario (CEA) determinado podrán tener posibles partos en el futuro.

Lector de ‘microchips’

Las explotaciones de ganado ovino deben disponer a su vez de un lector de ‘microchips’ instalados previamente en los corderos con un programa preestablecido y con capacidad de transmitir datos vía GPRS a través de telefonía móvil. En la anotación de los nacimientos, con el mismo lector se relaciona “cada oveja con su pareja” leyendo el ‘bolo ruminal’ de las madres y el ‘crotal’ electrónico de los corderos. Una vez comprobados, los datos se envían al servidor informático de la Junta.

Después se inicia el proceso de carga de los animales con destino a matadero así como de la identificación electrónica del transporte, que realiza el propio lector del ganadero, además de comprobar el matadero a donde se dirigen. Posteriormente se leen sucesivamente los lechazos que se cargan y se envía de nuevo la información al servidor de la Junta, que así conoce el número exacto de lechazos identificados que se dirigen a un lugar de sacrificio determinado.

En los mataderos acogidos al sistema de trazabilidad se dispondrá también de un lector de identificadores electrónicos; una conexión a Internet; un ordenador con un programa adaptado a la emisión de etiquetado; y una impresora capaz de imprimir códigos ‘BIDI’ y etiquetas electrónicas de alta frecuencia, que serán emitidas en el lugar de sacrificio de los lechazos.

El etiquetado será de tres tipos y el primero de ellos se refiere a datos impresos de forma estándar que se leen directamente. El segundo posee datos en código ‘BIDI’ que se leen con un lector de código de barras específico y móviles de última generación. Además, contiene datos del animal y la dirección de la página web donde se consultan los datos de la canal de carne que se va a adquirir. El tercer tipo de etiquetado posee datos impresos en un ‘microchip’ electrónico de alta frecuencia, que se lee con un lector específico y que puede ser importante para el control en el matadero, los almacenes, las carnicerías y los supermercados.

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