17 de julio de 2016
17.07.2016

"¿Dónde está Ana Blanco?"

Trinidad Figuera Miñambres se convierte en la primera mujer centenaria de Castropepe y no deja de practicar sus dos grandes aficiones: la brisca y ver la televisión

18.07.2016 | 01:14
Trinidad Figuera Miñambres posa con varios de sus familiares.

Arropada por familiares, amigos y vecinos, Trinidad Figuera Miñambres festejó ayer en Castropepe sus 100 años de vida con la sonrisa en los labios y la alegría de ser la primera mujer que cumple un siglo de vida en la localidad.

Una misa y una comida familiar a la que asistieron más de cien personas, en el salón del Ayuntamiento, sirvió para celebrar un siglo de vida que, aunque cada vez es más frecuente en la provincia, bien merecía una celebración singular. El Ayuntamiento se sumó al cumpleaños ofreciendo una placa conmemorativa a la centenaria.

No faltó la paella, la tarta de cumpleaños y la música aunque lo primero y principal fue una misa de acción de gracias, "para dar gracias a Dios", dice Trinidad, una mujer creyente donde las haya que atribuye su larga vida a la serenidad con la que ha enfrentado los problemas de la vida -que no han sido pocos- y ante todo ... "porque Dios lo quiere. Por eso he llegado hasta aquí", comenta cuando se le pregunta por el secreto de su longevidad. Casi no se cree que tenga cien años. Se ríe cuando le preguntan y apostilla..."no se dice la edad". Pero hoy son 100 años.

Un siglo de vida que no ha sido fácil en su trayectoria. Nació la venerable señora de Castropepe en el año 1916 y a los seis años se quedó huérfana de madre. Sus tíos José y Paciana la acogieron y la criaron como a la hija que les hubiera gustado tener. Por eso, dentro de la desgracia, su vida de niña fue alegre y feliz. Se casó con 33 años y vio cóo sus tres primeros hijos morían en los dos primeros años de vida. Son los recuerdos más tristes. Recuerdos que Trinidad supera desde la fe y la alegría de tener después dos hijos y una nieta que la quieren y la miman. Enviudó relativamente joven y desde entonces vive con uno de sus hijos, José Heliodoro "Joselín" que se desvive en atenciones junto a su hermana María Jesús Paciana, intentando devolverle el esfuerzo y sacrificio que Trinidad hizo cuidando de mayores a los que siempre consideró sus padres, aunque en realidad eran sus tíos.

La tele y el rosario

Trinidad se levanta a las nueve de la mañana, se asea y desayuna una taza de leche con galletas y una magdalena. "Tiene buen apetito -comenta su hijo- la comida la hago yo, que aprendí de ella, que era buena cocinera. Las verduras y las legumbres son su plato favorito".

La brisca con las vecinas es la distracción de la tarde en el salón municipal. Toña, Aurelia, Mercedes, Felisa, Cioni, Gisela y Almudena bromean con ella, resaltando que tiene buena memoria "oye poco, pero controla todo y no le gusta perder", dicen. Y todas coinciden en señalar "qué bien juega Trinidad". El rosario es para la señora Trinidad un compañero inseparable. Desde niña todos los días ha rezado el rosario a la Virgen del Carmen, cuya festividad coincidía ayer, curiosamente, con su fiesta de cumpleaños. Le gusta la tele, maneja el mando con habilidad y pregunta despistada algún que otro sábado ..."¿dónde estará Ana Blanco que hoy no da el telediario?".

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