Niña milagro

Una madre de Congosta y 8 más de la región constituyen la primera asociación de familias de bebés prematuros

07.12.2015 | 17:53
Acto de presentación de la asociación regional de familias de niños prematuros.

"Con lo luchadora que ha sido, tiene que llegar a algo grande". Así resumía Ana María Pastor, madre de la niña Mercedes nacida hace ahora 20 meses en el Hospital Universitario de Salamanca. Una niña que vino al mundo por cesárea urgente ya que se trataba de un bebé catalogado como gran prematuro. Tan prematuro que salía del vientre de su madre a las 26 semanas.

"A las 22 semanas de embarazo me dijeron los médicos que presentaba pérdida de líquido y esto era una cosa que no se podría prever, o desencadenar en parto", explica Ana Pastor apuntando a que a partir de esa fecha "los sanitarios empiezan a ponerme cosas como una inyección para la maduración de los pulmones". No obstante a la mamá de Mercedes ya se le venía haciendo un seguimiento constante durante el embarazo, como a todas las madres, y fue a las 22 semanas cuando desde el Hospital de Zamora fue derivada al Universitario de Salamanca.

Como una niña mimada se sentía esta vecina de Congosta de Vidriales que tenía su primer bebé fruto de su matrimonio con José Antonio Prieto. Ambos se conocieron en un crucero por el Mediterráneo y surgió el flechazo amoroso. Ella de Salou (Tarragona) y él de un pequeño y apacible pueblo vidrialés, en la provincia zamorana a donde fue a parar la pareja.

Nacía Mercedes en un embarazo corto en el tiempo, pero largo por las inquietudes y preocupaciones. La mamá a punto de dar a luz un bebé adelantado 3 meses y medio a su fecha normal, ya en su cama del Universitario de Salamanca, no paraba de ojear a través de Internet en la pantalla de su móvil acerca de los niños prematuros. "De ver las posibilidades que mi bebé tenía de sobrevivir", apunta Ana. Su constante preocupación envolvía al futuro padre, a José Antonio y su familia, porque no era para menos y es que a las 26 semanas esta posibilidad de supervivencia ronda el 50%.

Nacía Mercedes con tan solo 37 centímetros y un peso de 1,070 kilogramos, "como una bolsa de azúcar", observa su madre. Ahí continuaban más y más problemas para el bebé porque algunos de sus órganos vitales estaban en fase de desarrollo. En la incubadora había colocado un cartelito de "baja manipulación" porque el bebé estaba muy inestable y todos los cuidados que necesitaba, como el aseo o poner una vía, se le hacían a la vez, para tocar al bebé lo menos posible. "Yo no pude tocarla hasta unos 15 días después de nacer. Es un milagro, era superpequeñita". Dice emocionada la mamá de Mercedes recordando grandes sentimientos al poder tocar por primera vez a su hija. "Cuando puse la mano sobre ella, mi mano es pequeña, y ver que la mía era casi la mitad de su cuerpo, sentí miedo. Pero luego, lo que sientes es una gran admiración".

La emoción invade a esta madre luchadora como su pequeña, porque como ella misma dice: "es increíble lo que luchan estos pequeños" debido a que los prematuros tienen muchos problemas al nacer. La primera vez que la sacaron de la incubadora y la pude tener entre mis brazos fue el martes 8 de abril, al día siguiente de verla llorar, lloraba flojito, casi no le oía, estaba entubada en la incubadora, y ya en mis brazos sentí una experiencia inolvidable y comencé a llorar", recuerda la mamá de Mercedes.

La experiencia sufrida por Ana y José Antonio en un ir y venir desde el confín de la provincia zamorana con la leonesa todavía se prolongaba en el tiempo porque un alto porcentaje de bebés prematuros requieren ingresos continuos debido a problemas varios de inmadurez en los órganos. La estadística confirma que en los grandes prematuros las posibilidades de tener complicaciones son mayores.

Los miedos y sentimientos que Ana tuvo que pasar en el Hospital desde el nacimiento de su hija, eran similares al de otras madres en la misma situación que se encontraban en la sala especial comúnmente denominada "sacaleches". "Eso nos unió mucho y de ahí surgió la idea de que ello tenía que trasladarse a la gente. Durante ese tiempo, los bebés están muy cuidados, pero las mamás se encuentran muy solas y tenemos mucho miedo. Es como una montaña rusa, unos días son pletóricos y otros lloras por los pasillos".

Un grupo de 8 madres de Ávila, de Segovia, de Salamanca y de Zamora decidieron constituir la primera asociación de Castilla y León de familias de prematuros y asimilados, Premya. En la unidad de neonatos del Universitario de Salamanca ya participaron algunas madres del grupo conmemorando el Día del prematuro. El colectivo se presentará oficialmente en las próximas fechas.

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