Emoción entre barbechos y eriales

Centenares de aficionados se dan cita en el encierro en San Cristóbal con un novillo y dos vaquillas de la ganadería de Sánchez Arjona que dan buen juego

24.08.2015 | 06:10

El cielo se tornaba plomizo y amenazaba lluvia en San Cristóbal de Entreviñas. "No sé si no nos mojaremos", decía una joven enfundando una cazadora a su niño, porque ya habían caído unas gotas y la baja temperatura ya estaba dominando el ambiente previo al encierro campero organizado a primeras horas de la mañana de ayer en esta localidad. No eran las 10 de la mañana y ya la fila de vehículos dirigiéndose al campo auguraba una cita generosa de público.

La suelta de las reses estaba prevista en el corredero de San Cristóbal, en la raya de Matilla. Una vasta superficie de terreno entre autovías con declives en toda la zona, caminos y algún que otro regato. Los barbechos de esta época constituían el terreno propicio para la suelta de las reses. Todo listo, el veterinario levantando acta, los agentes de la Guardia Civil y los equipos sanitarios apoyando la logística de la organización.

La llegada de las reses se hacía de esperar mientras el campo era rodeado por vehículos, motocicletas y una nutrida presencia de jinetes a lomos de sus caballos. Y mucho público llegado desde lugares alejados de la provincia leonesa, de la zamorana, de Benavente y localidades vecinas en las que prevalece la afición taurina.

Una primera suelta de una vaca lograba ya calmar la larga espera. Porque sobre el suelo de San Cristóbal de Entreviñas se iban a correr tres reses de la ganadería de Sánchez Arjona, en Martín de Yeltes (Salamanca). Un ganado guapo pero que resultó con poco movimiento. Gracias al empuje de los jinetes, muchos de ellos con la garrocha mostrando sus destrezas en el oficio, las reses procuraban dar juego en el campo.

San Cristóbal de Entreviñas logra reunir en este evento a un numeroso público de aficionados y amantes del oficio con disparidad de criterios entre las características del corredero. Para algunos espectadores, acostumbrados a la llanura, a la visibilidad desde la lejanía les parece que este espacio no da el juego adecuado. Para otros, en cambio, la singularidad de los declives del terreno lo hacen más señero.

La jornada del encierro campero de San Cristóbal de Entreviñas se saldó sin incidentes y con una buena armonía entre el público asistente.

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