ESTHER B. M
En uno de los locales de la parroquia de la Iglesia de San Isidro está Beatriz García y sus 17 alumnas enfrascadas en conocer los secretos de la costura tradicional. Todas están muy atareadas con sus labores. La variedad de trabajos es enorme: un mantón a cadeneta, un juego de toallas a punto de cruz y hasta una camisa estilo Gucci. Beatriz García lo controla todo.
-¿Cómo y cuándo comenzó con este curso de costura tradicional?
-Llevamos ya 16 años con este curso. Todo surgió en un campamento de Cáritas. Un chico se rompió una pierna y no podía hacer las mismas actividades que el resto de sus compañeros, entonces yo le propuse enseñarle a hacer un bolso para su novia con bolsas de los supermercados. A raíz de eso y por cosas que vienen en la vida entré en una depresión. El sacerdote que antes llevaba los scouts, Francisco Bartolomé, me propuso enseñar lo que yo sabía a otras personas, asegurándome que me vendría bien para mí y también para la gente que quería aprender. Yo lo comenté con unas amigas y nos pusimos de acuerdo. El sacerdote me dijo que podíamos utilizar los locales de la parroquia de San Isidro que eran de uso común para todo el barrio. Y así comenzamos. Ahora seguimos gracias a otro párroco, Francisco Abad, el actual sacerdote de la parroquia de San Isidro.
-¿Cuántas personas asisten al curso?
- Comenzamos tan sólo cinco el primer año. Ha ido subiendo el número poco a poco. Este año somos 17, el año pasado éramos 24. A esto también afecta la crisis ya que algunas de mis alumnas se han tenido que poner a trabajar, no porque esto sea caro.
-¿Cuál es el perfil de las personas que hacen el curso?
-Mujeres de un margen muy amplio de edad (entre 35 y 75 años) que tienen en común que les gusta mucho coser, pasar un rato en compañía de las demás. Lo mejor es que nos ayudamos todas mutuamente.
-¿Qué trabajos suelen hacer?
-Hacemos ganchillo, bordados en general; lagartera, palestrina, punto de cruz (sobre todo cuadros), mantones de manila, mallorquín y muchas cosas más.
-¿Dónde aprendió?
-Me enseño una monja seglar en Barcelona. Cuando me casé fui a vivir allí, me quedé embarazada de mi hijo mayor y ella me propuso hacer a mano todas las cosas que necesitaba para mi bebé. En ese momento tenía 20 años y yo no sabía nada de nada sobre costura y ella me enseño. Después practicando he ido mejorando y aprendiendo nuevas técnicas (sombreros, bolsas de playa?)
-¿Sus alumnas ya tenían algún conocimiento antes de venir aquí?
-La mayoría ya sabían, pero con otra técnica. Les ha gustado como lo hago yo y la han seguido, vinieron a probar y se quedaron.
-¿Cree que hoy en día se está perdiendo la costumbre de realizar trabajos manuales?
-Creo que hubo un tiempo atrás que se estaba perdido más, ahora, bien sea por el tema de las Águedas, los trajes regionales, los mantones de manila y todas esas cosas se está volviendo a recuperar un poco las tradiciones manuales, pero siempre en las personas que somos un poco mayores.
-¿Cuánto cobra por estas clases?
-Las clases en si no valen nada. Ponemos cada lunes, que es cuando nos reunimos, un euro. Con este dinero el sacerdote paga la electricidad (luz, estufas), también nos queda algo para comprar revistas, calcos, papel, dibujos y todo lo que normalmente usamos aquí.
-Con todos trabajos terminados ¿realizan alguna exposición?
-Hacemos una exposición en las fiestas del barrio de San Isidro, el 15 de mayo. También los dos últimos años hemos expuesto en la Casa de la Cultura de Benavente. El primer año sólo cuadros y el segundo todas las labores. Intentamos esforzarnos al máximo para mejorar y hacer las cosas muy bien. Ese es nuestro objetivo.
1945, San Miguel del Esla
Beatriz García Pozo está al frente del taller de labores de la parroquia de San Isidro. En este lugar se admite a todas las personas que quieran aprender bordados tradicionales aunque no sean de la parroquia. El lema fundamental: «Queda terminantemente prohibido criticar».