Res publica benaventana

Los sueños

 
Los sueños
Los sueños  

El hombre, conoce, por propia experiencia, que es un animal gregario de rutinas; esto sucede como modo y manera a todas las edades; pero en los viejos como yo, o mayores como algunos gustan apodarse, nos lleva a caer en las mismas manías y somos reiterativos, hasta la saciedad, en las palabras y en las prácticas. Uno de mis hábitos, constituido desde la aceptación de una regla religiosa, consiste en hacer todas las noches la lectura de un capítulo del «Nuevo Testamento». La otra noche empecé la lectura del Apocalipsis con la visión inaugural del mensaje a las iglesias y me dormí en plena meditación sobre las posibles vicisitudes del apóstol que tiene que expresar en términos de fantasía la realidad de la persecución que están sufriendo los cristianos. Así, me quedo profundamente dormido, pero a mi edad el sueño se deshace en cuatro o cinco horas dando paso a un duermevela de inquietudes y visiones que perduran en el despertar. En este estado onírico vuelvo a mi juventud, al final de los años cincuenta y me veo en Cádiz, con un pasaporte militar y embarcado en la bodega de un barco sin más equipaje que una vieja maleta de madera medio vacía; eso fue una tarde, pasó un día y a la mañana del otro, como a Jonás, me echaba del vientre aquella ballena enorme y me dejaba, dando traspiés con la maleta, en un muelle del Puerto de la Luz de Las Palmas. Días después otro barco muy pequeño, de poco calado y con la bodega llena, el río Sarela, me transportó en cubierta, pero tan descubierta que la barrían las olas y nos mojaban; al llegar al destino, la playa de Ifni, el desembarco consistió en bajar por una escala de esparto, que no era la escala de Jacob precisamente, y que puesta sobre el costado del barquichuelo servía para descender a unas barcazas y de allí a la playa donde rompen las olas y haciendo pie en el agua salí a tierra firme, a la arena, con los perniles del pantalón empapados y subidos hasta la rodilla. En el sueño paso de esta situación a Smara, luego a Mabhes, Aaiún, y los distintos destinos. Son una sucesión de hechos que reviven mi juventud africana y no sé por qué.



Según estima Sigmund Freud, «El sueño se da a conocer como un cumplimiento de deseo»; por esto, deduzco que algo vi, escuché o leí que me llevó a esa situación onírica de recuerdo de aquellos años mozos, de aquellas vivencias cuando Mohamed V y el Istiglal, con sus verdes enseñas, pretendieron por la fuerza anexionarse la bella ciudad de Ifni y el Sáhara Occidental. Nuestros muchachos regaron con su sangre aquellos queridos territorios que hoy se agitan y se desgarran bajo la tiranía de Mohamed VI y sus afanes expansionistas.



Hago memoria desde la consciencia y pronto encuentro algo que lo relaciona, es una foto del sultán marroquí con nuestro ZP donde se muestra un mapa del Gran Marruecos. La broma empieza con Marruecos dueño de España desde el paralelo de Toledo, pero respetando Portugal.



Qué vamos a hacer si entre estos dignatarios anda el juego.


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