MARIÁN LÓPEZ
106 serán los años que Ascensión Rabanal Juárez cumplirá el próximo lunes día 2 de agosto. Esta anciana que nació en Quintanilla de Urz hace ya más de un siglo, en 1904, pasa ahora los días, no sólo recordando su largo pasado, sino también pendiente de la actualidad. Ayer escuchaba en la radio las noticias relativas a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña y de forma muy coherente, a pesar de la edad, o gracias a ella, exponía su opinión al respecto.
Ahora vive en Benavente con su hija Felisa Villar y el hijo de ésta, Amador Folgado, pero la mayor parte de su vida ha transcurrido en el pueblo donde nació.
Allí tuvo a sus cuatro hijos, de los cuales tiene en la actualidad nueve nietos y allí recuerda como trabajó en el campo. «La vida era más dura, yo salía a trabajar al campo con el marido y con los hijos, ahora es mejor porque ya no tengo que trabajar, pero entonces me subía a los árboles a coger fruta y todo». Dice Ascensión mientras le recuerda a su hija que quiere que le corte el pelo, porque Ascensión no por ser mayor deja de preocuparse por su aspecto.
Dice que le gustaba la vida en el pueblo pero que en Benavente está muy bien. «Benavente es casi una capital, en el pueblo apenas queda nadie».
También ha vivido en Madrid, donde residía hasta hace pocos años su hija Felisa, pero Ascensión se encuentra bien en todas partes.
Cada dia, cuando se levanta se ocupa de su aseo y de recoger su habitación, también ayuda a su hija en algunas tareas de la cocina y después pasa un rato en la terraza. La radio le acompaña porque a Ascensión le gusta estar enterada de la actualidad y también sale a dar pequeños paseos, aunque se queja un poco de sus piernas. Sin embargo tiene una salud estupenda. «No toma ni una aspirina y en los últimos análisis que le hicieron dijo el médico que tenía todo perfecto», asegura su hija con cariño y orgullo.
Ahora espera el día de su cumpleaños y recuerda que en su centenario lo celebraron todos juntos y le hicieron un homenaje. Esta vez serán menos porque los hijos están lejos, pero, asegura, «siempre que pueden todos vienen a verme».