J. A. G.
El paseo del Centro Benaventano de Transportes y del Parque Logístico, 1.200 metros cuadrados de acera de granito con farolas, supuso un desembolso de 346.000 euros según la contabilidad de ambas sociedades, aunque las facturas libradas por el adjudicatario, una persona física que subcontrató luego los trabajos con dos empresas y que por lo tanto sólo operó como intermediario, suman 192.200 euros.
Las salvedades detectadas por los auditores han servido para evidenciar una diferencia de 154.000 euros entre los pagos contabilizados y el importe total de las facturas libradas por el adjudicatario. De la ejecución de estas obras no hay más constancia que estas facturas, que han sido remitidas al Juzgado. Del resto del expediente, como anunció el lunes el presidente de ambas sociedades y alcalde de Benavente, no hay rastro.
Natalio José Camacho Casado, el ex gerente del Centro Benaventano de Transportes y ex consejero delegado de la sociedad Parque Logístico de Benavente, tenía los máximos poderes. «Lo único que no podía hacer era vender el patrimonio de las sociedades», según explicó recientemente un consejero citando los estatutos de la primera sociedad.
Usando esta potestad, al margen de la Ley de Contratos del Sector Público que en nada le obligaba y aparentemente sin publicidad ni concurso alguno, Camacho adjudicó directamente la construcción y el alumbrado de la acera a un empresario afincado en Benavente y relacionado con la venta de mobiliario y electrodomésticos. El precio se desconoce.
Este empresario subcontrató a su vez los trabajos a otras dos empresas tras pedir presupuesto. Según ha podido saber este periódico, la acera se construyó en el año 2008 a precio de mercado y las certificaciones se libraban a nombre de la persona física, que como tal facturaba a su vez y en calidad de adjudicatario al CTB y al PLB. Curiosamente, la misma persona había creado en mayo de 2007 una sociedad limitada dedicada a la promoción y a la construcción, que pese a la proximidad de las fechas es ajena a este asunto.
Camacho llegó a hablar de las aceras en alguna reunión del consejo de administración, pero según los consejeros consultados nunca dio cuenta de la adjudicación, ni del proceso seguido, ni del coste de la misma, ni siquiera de la existencia de un proyecto. La auditoría realizada tras el desfalco determina que en estas obras había salvedades contables al consignarse como gasto lo que era una mejora; entonces se descubrió que no había expedientes, solo facturas cuyo importe no se corresponde con las cantidades contabilizadas.