M. A. CASQUERO
Son precisamente las familias de los quintos de San Cristóbal de Entreviñas quienes han venido, durante estos días, conociendo el trasiego de los festejos de los jóvenes. «Ay galán, no hemos parado de vocear, de beber, y de todo», así resumía ayer tarde, Marín, uno de los quintos de San Cristóbal los festejos de la quintada inaugurados el pasado jueves. Y es que a la familia de Roberto le toca esta noche agasajar con una cena en su casa a los compañeros. Roberto conseguía a lomos del caballo, el más certero apunte al sacar del cajón la cinta del premio. Esto le valía ante sus otros seis compañeros participantes y el resto del grupo de quintos, así como de los vecinos, el triunfo de la jornada que tendría que trasladarse al convite de clausura de los festejos. Así es la tradición en San Cristóbal, pocas veces se suman las mozas a la carrera de cintas, ya que «esta es la tradición», advertía ayer Verónica. Esta joven corroboraba lo dicho por su amigo y compañero Marín: «hemos estado muy unidos, los vecinos se han portado muy bien con nosotros, pero hemos bebido mucho», señaló.
El grupo de quince jóvenes quintos, diez chicos (Jorge, José Luis, Ángel Luis, Roberto, Adrián, Pedro, Marín, Alvaro, Eduardo y Marcelino), así como las cinco mujeres (Jeny, Isabel, Verónica, Elena y Eva) se aprestaban ayer tarde a cerrar los festejos con uno de los actos más entrañables de la programación. Los chicos se reunían en la plaza acompañados de una charanga musical para ir a buscar a cada una de sus compañeras a sus casas. Todos juntos «toman» por unos momentos la vivienda de cada una de sus amigas entre el alborozo de sus familiares. Es la única vez en la vida que esto ocurre y la mayoría de edad se hace notar. Otro tanto ocurre cuando uno de los integrantes del grupo de quintos se va a su casa a dormir durante la verbena, sin avisar al resto del grupo, entonces todos juntos se trasladan hasta su casa para despertarlo, sea la hora intempestiva que sea, con el trasiego que esta situación conlleva a la familia, aunque precisamente porque es una sola vez en la vida, eso se entiende. La tradición mantiene en todo momento la unidad del grupo, eso es lo que verdaderamente importa para los quintos de San Cristóbal. Un grupo bien avenido que ha venido trasladando a los vecinos sus emociones durante estos días de festejos.
Coincidiendo con el martes de carnaval, los quintos de San Cristóbal se dirigieron hasta el templo parroquial para asistir, un año más, a la misa en su honor. Otro de los emotivos actos de los jóvenes. Durante el oficio religioso se quema la cinta que hasta ayer y durante todo un año ha estado colocada sobre la imagen de la Virgen de la Trinidad. Jorge se encargó de que los nombres de los trece quintos del pasado año dieran paso durante un año a los quince del 2010. José Luis tuvo el privilegiado honor de colocar sobre la imagen la cinta con los nombres de sus compañeros que previamente habían realizado Jeny y sus familiares. Eso sí, no olvidó Jeny de rematar la impresión cromática con el dibujo de un cáliz.
Todo un ritual, el de «la quema de la cinta», que forma parte ya de la idiosincrasia de San Cristóbal de Entreviñas y a cuya celebración acuden los vecinos.
Los quince quintos del 2010 clausuran los festejos en esta jornada con la asistencia a la vespertina misa de ceniza y a cenar a casa de Roberto, que para eso sacó el premio de la cinta a lomos del caballo. La quema de una traca pone el broche final a las fiestas de quintos y quintas de San Cristóbal de Entreviñas, con mucho ruido, como se ha venido haciendo desde siempre.