M. S.
El aprovechamiento de la biomasa para la producción de la energía térmica no comenzará a desarrollarse plenamente en España hasta dentro de diez años. Para entonces, será habitual el uso de calefacciones que utilicen este tipo de energía y no energías fósiles. Así lo augura Ignacio Macicior Tellechea, ingeniero de montes que ayer intervino en las Jornadas de Ecología y Medio Ambiente para explicar las posibilidades de una energía en cuyo desarrollo «vamos con un década de retraso respecto a otros países europeos», se lamenta el especialista.
Macicior destacó en su intervención que mientras en Austria «ya se han vendido más calderas de biomasa que de gas», en España apenas comienza a desarrollarse el empleo de este combustible. «Los pellets se van conociendo, pero aún queda mucho camino por recorrer», asegura. Actualmente, se producen cerca de 500.000 toneladas al año de pellets, y la mayor parte se destina a la exportación. Lo que, según este especialista, supone «desperdiciar el recurso dos veces: una, porque la producción es mínima en relación a la materia prima de la que disponemos, y la segunda, porque no la sabemos aprovechar para nuestro consumo».
La comarca de Benavente y Los Valles podría convertirse en un referente en la producción de este tipo de energía. «La zona cuenta con muchas posibilidades, hay muchos recursos cercanos, especialmente la materia prima procedente de las choperas», asegura. Unos recursos que de momento, apenas se aprovechan. «Es una energía y renovable, que en tiempos de crisis deberíamos valorar para no tener que recurrir a otra foránea y más cara», defiende Macicior.
La biomasa tiene dos destinos posibles, la producción de energía eléctrica, y la producción de energía térmica, el uso que se le ha dado tradicionalmente, aunque ahora a otro nivel. La producción de energía eléctrica es una alternativa prácticamente olvidadaza. «Se compite para producir electricidad, pero apenas se ha desarrollado porque está peor primada que otro tipo de energías renovables, como la energía fotovoltaica», explica el ingeniero, que insiste en que se está desaprovechando la biomasa, no se le está sacando el máximo rendimiento a todo el combustible del que se dispone. «Por eso, es esencial que las Administraciones Públicas fomenten el uso de este tipo de energía», afirma. Y propone la sustitución de las actuales calderas de gas o gasoil por otras especiales para el uso de biomasa. «Es algo que se puede hacer en los edificios públicos, porque si hay espacio es perfectamente viable», insiste. Aunque los equipos son mucho más caros, la energía es más barata, por lo que ese cambio «sería rentable». La tecnología ya está desarrollada, «sólo faltan ganas y recursos para aplicarla», sostiene.