M. A. CASQUERO
Con una lucidez mental que sorprende, aunque algo encorvado y ayudado de un bastón para andar, el venerable vecino de Castrogonzalo, Leoncio Martínez Furones, celebra en esta jornada su 100 años de vida rodeado de sus familiares. No obstante, el pasado lunes y con motivo de la festividad del Pilar, el señor Leoncio recibía el homenaje de sus vecinos, del Ayuntamiento y de la asociación de jubilados. El Consistorio de Castrogonzalo tiene costumbre de rendir homenaje a sus paisanos al cruzar el umbral del siglo de vida. El último evento de este tipo se realizó hace cuatro años con motivo del centenario de Antonio Zamora que ahora cuenta con 104 años de edad.
Leoncio Martínez Furones nació un 14 de octubre de 1909 en la localidad de Santa María de la Vega de donde salió por primera vez para cumplir el servicio militar en el norte de Marruecos, en Alcazalquivir. «Allí hacía lo que me mandaban y nada más, pero era muy duro aunque sólo estuve un año», confiesa el señor Leoncio. A su regreso se casó también con una joven vecina de Santa María de la Vega, Francisca Mayo García, con la que tuvo cuatro hijos (Celestino, Severino, Florencia y Martina). Pero el destino le deparaba una nueva salida de la casa familiar donde junto a sus padres y cinco hermanos realizaban las tareas del campo. La circunstancia de que en la contienda civil ya se encontraban dos de sus hermanos y la necesidad de ayudar en el sustento familiar provocó que la ausencia de su pueblo fuese sólo por dos días, no llegó ni siquiera a incorporarse a filas. Estas dos salidas de casa y el traslado de la familia a Castrogonzalo donde comenzó una nueva vida con los trabajos en el campo debido a la compra de una herencia por parte de su suegro, han sido las reducidas ausencias del señor Leoncio. Solamente en su laboriosa vida, alguna vez con motivo de acompañar a la familia al médico a Zamora o a Valladolid.
De férrea salud, «muy poco he tenido que ir al médico», asiente Leoncio junto a su hija Martina y su nuera Maximina quienes aseguran que sólo ha padecido algunos catarros y poco más. «Yo como de todo, me gusta comer de cuchara, pero no me va mucho la carne, antes si, me gustan el pescado y los purés», confiesa. Eso sí, el señor Leoncio procura beber todos los días durante las comidas un vaso de vino tinto «y si es de casa mejor», dice. No en vano él ha dedicado mucho de su tiempo en el campo al cultivo de las viñas y elaboración del caldo.
Con suma delicadeza se levanta del asiento, ayudado por el bastón, y recuerda los emotivos momentos vividos en la jornada del pasado lunes sujetando con sus delgadas manos la placa ofrecida por el Ayuntamiento con motivo de su homenaje centenario. Un obsequio entregado por la asociación de jubilados son recuerdos que invaden de emoción al venerable anciano de Castrogonzalo. «Me gustó mucho que los vecinos y el pueblo me dedicaran un homenaje, estamos toda la familia muy agradecidos» asevera rotundamente y con una apausada interlocución. Se acuerda bien del acto, de la misa en la que su biznieto más pequeño (Alejandro, de 8 años) le dedicó un poema, la recomendación del párroco en la homilía para que se prestara atención a los mayores y el vino español en su honor con los vecinos y familiares ofrecido en el Centro de Convivencia, arropado también por sus hijos, trece nietos y la docena de biznietos.
Muy agradecido señor Leoncio, felicidades por su centenario de vida, «muchas veces, que llegues a los años que he llegado yo», se despedía ayer, con honda emoción, el venerable anciano de su interlocutor.