05 de enero de 2018
05.01.2018
Lorenzo Rivera Prieto | Presidente de COAG Zamora

"No se había sufrido una sequía tan enorme desde la modernización del campo en los 50"

"Para luchar contra las adversidades climáticas no se nos ocurre otra cosa que suscribir un seguro" | "El cereal está con precios de hace 30 años, es ruinoso"

09.01.2018 | 00:28
Lorenzo Rivera durante la entrevista.

El azote de una sequía sin precedentes desde hace años, sumado a unos precios ruinosos han puesto en serios aprietos a muchas explotaciones agropecuarias de la provincia. La lluvia no ha llegado en los momentos cruciales para los cultivos, pero además unas temperaturas altísimas que se han prolongado hasta las puertas del otoño y las heladas a destiempo han reducido las cosechas a producciones ridículas. Lorenzo Rivera, máximo responsable de COAG (sindicato agrario mayoritario en la provincia) desgrana en la entrevista el balance de un año "para olvidar".

-Culmina un año difícil para el sector agrario, desastroso como lo han calificado desde la Alianza.

-Desde luego, un año que todos queremos que acabe cuanto antes. Personalmente creo, como muchos agricultores, que jamás hemos vivido una situación de tanta necesidad de agua. Desde la modernización del campo en los años 50-60 nunca se ha sufrido esta sequía tan enorme, no solo en Zamora donde el tiempo se ha cebado con las temperaturas más altas de Castilla y León, sino en toda la región. Ha sido negativo en todos los sectores, excepto en porcino y vacuno de carne, los dos únicos que se han librado de la crisis con precios viables.

-¿Entonces los demás sectores cómo han cuadrado las cuentas ?

-No solo no se ha ganado sino que se ha perdido dinero; en cereales en torno al 70-75% en toda la cosecha; también en colza, guisantes, vezas, los pastos, forrajes... Ha habido unas pérdidas enormes que cuantificadas alcanzan los 200 millones de euros solo en Zamora y 2.000 millones en Castilla y León. Pero no solo hablamos del secano; el regadío también ha tenido problemas porque en las comunidades de regantes no ha habido dotación suficiente para cumplimentar los ciclos de los cultivos.

-¿Cómo encajan estos resultados con una renta agraria que, según el Estado, ha rozado el 5% de beneficios?

-Resulta inexplicable que el Ministerio de Agricultura publique sus datos estadísticos cuando es patente la pérdida en cereales o en viñedo, con el 40% de la media de los últimos cinco años de uva. También hay que destacar el cultivo de la colza, muy importante en Zamora porque es la primera provincia de España en siembra. Y este año las pocas que quedan serán las de regadío; las de secano se dan por perdidas porque nacieron tarde y las heladas las han malogrado. Hemos dado parte al seguro para levantarlas y sembrar otro cultivo. Por eso no nos cuadra el dato de la renta agraria. Hacen la media estadística con datos de exportación del porcino, el vacuno de carne, los vinos y otros productos, pero para nada reflejan la realidad del sector.

-Insisto, ¿cómo se las apaña entonces un agricultor o un ganadero este año con semejante balance?

-Hay que diferenciar entre las explotaciones dimensionadas y saneadas, que un año de sequía lo pueden resistir, y las que necesitan refinanciar esta campaña y lo que no ha llegado vía producción va a llegar vía préstamos. El problema es que empezamos el nuevo año agrícola con un déficit ya arrastrado de 2017, porque en septiembre y octubre no ha llovido absolutamente nada y la sementera se ha hecho en seco. Las lluvias son insuficientes para que los pantanos alcancen un nivel aceptable para afrontar la próxima campaña de riego; hay una incertidumbre muy grande de cara a 2018.

-Los ganaderos dicen que se ven mal para obtener alimento y el ganado tiene que comer...

-No ha llovido ni en septiembre ni en octubre, los meses claves para que salga la otoñada de los pastos que aprovechan los ganaderos de extensivo. Con lo poco que llovió en noviembre vinieron las heladas y no ha habido pastos. En todo este tiempo los ganaderos están teniendo que comprar el forraje y pienso para alimentar el ganado cuando otros años tenían los pastos naturales.

-Parece evidente que el cambio climático impone un replanteamiento de los cultivos y en general de las explotaciones.

-Creo que todo el mundo es consciente de que el cambio climático es una realidad. El que Donald Trump no esté en la Cumbre del Clima de París es un atraso y hace mucho daño, lo vamos a pagar todos. Los agricultores y ganaderos sufrimos esa realidad, tenemos el efecto de este año con las temperaturas cada vez más altas, las olas de calor se prolongan y eso afecta mucho al estrés de las plantas. Se están modificando ciertas semillas que son más resistentes al cambio climático, pero eso no va a suplir los efectos en un año como éste, que ha sido terrorífico. No se nos ocurre otra cosa para luchar contra las adversidades climáticas que suscribir el seguro.

-Todavía hay mucha gente que se resiste, pero quien este año no ha asegurado su cosecha lo puede pasar muy mal ¿no?

-Este año ha aumentado casi el 150% la cantidad de seguros que hemos hecho. El riesgo de que te vengan dos años seguidos como éste no se puede aguantar. Por desgracia ha tenido que venir un año catastrófico para cambiar esa cultura del seguro. Este año ha calado hondo.

-Sea por el clima o por los mercados, al final la agricultura y la ganadería necesitan del amparo de la PAC y los seguros; por sí mismo el sector primario no puede salir adelante.

-Aunque la PAC es importante, al final es el 30% de los ingresos de una explotación agraria, el otro 70% es la producción, que está expuesta a unos mercados tan volátiles y globalizados que estamos viendo que en un año con una sequía y una producción ridícula no solo no suben los precios sino que bajan. Es verdad que eso es bueno para los ganaderos, pero para el sector cerealista el que haya precios de hace 30 años es una ruina.

-¿Cómo armonizar tal desencaje cuando lo que beneficia al ganadero perjudica al agricultor?

-Hay que conseguir que los precios de los ganaderos sean rentables. No puede ser que la leche de ovino esté como hace 30 años porque no cubre los costes de producción. O que el vacuno de leche esté 6-7 céntimos por debajo de los precios que se están pagando en Francia o Alemania. Si la ganadería tiene buenos precios podrá soportar un coste más caro en los piensos y en los forrajes.

-La pretendida implantación de macrogranjas parece haber convertido a la provincia en un oasis del porcino, ¿por qué la Alianza es contraria a estos proyectos?

-Nosotros defendemos las pequeñas explotaciones familiares. Las macrogranjas están en manos de las grandes empresas integradoras que controlan toda la cadena del sector porcino. Es curioso que hace 20 años aquí desaparecieron los ganaderos de porcino, prácticamente no queda nada porque todo el mundo está integrado. Y si a alguien se le ocurra hacer una granja tiene que ser una integración, nadie lo hace libre porque no tendría futuro. Es un sector cerrado a los ganaderos. Si todos los sectores fueran por el camino del pollo y el porcino no existirían ganaderos sino inversores, franquicias. Son empresas que tienen el control de toda la cadena productiva y solo quieren al ganadero para que haga la granja y trabaje la explotación, pero la gran fuente económica que es el matadero, la sala de despiece, está en otras provincias. Eso no viene aquí. Aquí no se crea un tejido social.

-Hay quien sostiene, en su defensa, que por lo menos viene algo al medio rural.

-Cuando hablamos de ganaderos locales, que por complementar su explotación agrícola hacen una integración con una cooperativa de la zona o con una empresa nos parece viable, no es alarmante. Pero con explotaciones de 3.500 madres a cargo de empresas que viene a ocupar un espacio porque no tiene en otro lado donde tirar los purines, solo les interesa que le hagan la mano de obra más sucia. Así de claro. Al final son granjas tan grandes que contaminan, los problemas ya están existiendo en Cataluña con 150 pueblos que no pueden beber el agua potable porque tienen los acuíferos contaminados de nitratos y no queremos que se llegue a esa situación.

-La fauna salvaje, más allá del lobo, trae de cabeza a muchos agricultores y ganaderos ¿qué soluciones proponen?

-En la zona de la Reserva de la Culebra se dice que no hay ataques de lobo, ¡pero si es que prácticamente ya no hay ganaderos!. El problema de los ataques se desplaza hacia el sur del Duero que es donde el lobo ve que tiene más posibilidades. La sentencia que se ganó a la Junta para que pague inmediatamente los ataques fue un éxito importante de nuestra organización. Y en lo que respecta al resto de la fauna pedimos que el jabalí sea declarado como plaga porque estamos viendo en las batidas la cantidad que hay. Es una barbaridad lo que prolifera este animal.

-El control de la fauna es una medida controvertida como demuestra la oposición de grupos ecologistas.

-Los urbanitas que viven lejos de estas zonas vienen un fin de semana y queda muy bien ver al lobo y al jabalí, los ciervos, la berrea, es un atractivo turístico. Pero qué ocurre con el que convive todos los días con la fauna, que sufre el riesgo de accidentes con el coche, que se juega su vida a diario. Desde la atalaya del chalé o el en la ciudad estos problemas no se aprecian, los tiene el que vive en el pueblo. Yo les invitaría a que vivieran unos invierno en estos pueblos y vean las dificultades para convivir con la fauna. Hay que eliminar fauna salvaje, es así de duro. En la Sierra de la Culebra no había ciervos, los introdujeron en los años 70 y han proliferado de tal manera que están ocasionando graves daños. ¿Es responsable el ganadero o el vecino? Animales sí, pero las personas son lo primero.

-Es una consecuencia más de la despoblación, una sangría que no cesa en el mundo rural. ¿Encuentra alguna solución?

-Lo veo difícil pero no imposible. Hay que poner toda la carne en el asador, las administraciones se tienen que volcar con el medio rural. No entendemos cómo los PDR (Planes de Desarrollo Rural) en otras regiones de Irlanda funcionan y han conseguido mantener o aumentar la población, y aquí no somos capaces. Por qué Laponia a 20 grados bajo cero o Irlanda del Norte mantienen la población o aumentan y aquí no se consigue. Está claro que los PDR aquí no han funcionando.

-En el plano interno de la organización este año han saltado fricciones con UPA, especialmente en la movilización de agosto para exigir ayudas por la sequía que COAG no secundó y se fracturó por primera vez la Alianza, ¿esas diferencias afectarán al pacto?

-En la movilización a la que se refiere prácticamente todos estábamos de acuerdo en que la Junta habían puesto toda la carne en el asador respecto a las ayudas contra la sequía, no así el Ministerio. A pesar de todo UCCL apoyó una movilización en la que nosotros veíamos cierto protagonismo sindical de cara a las elecciones agrarias y así se lo hicimos saber a UPA. Y además hay que ser coherentes; si no estamos de acuerdo con el Ministerio es contra el que habrá que protestar, no contra la Junta en este caso. Por eso nos reunimos en Zamora todos los presidentes de la COAG y decidimos que no apoyábamos.

-Pero UPA sí fue y se rompió una alianza hasta ese momento inquebrantable, de cara a la galería al menos.

-Nosotros respetamos las opiniones pero sin duda hubo sus tiranteces. Después hemos mantenido reuniones, se han limado diferencias y quedó claro que la manifestación no fue a más, solo se buscaba esa foto. Pero reconociendo los fallos de unos y otros hemos reconducido la situación y la Alianza sigue; de hecho vamos a ir juntos a las elecciones a cámaras agrarias el 11 de febrero.

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