05 de julio de 2017
05.07.2017
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Al grano

De vencejos, cigüeñas y mosquitos

La música se reinventa cuando choca con la naturaleza, se hace más bella

05.07.2017 | 00:07
De vencejos, cigüeñas y mosquitos

E scena única. Violines y violas escarban en lo más profundo y rescatan lo más íntimo, la sensibilidad, demasiado tiempo pegada a los bajos. Flautas, oboes y clarinetes tejen un chorro de claridad que abre el campo a la luz: julio da una cabezada y duerme el tiempo. Mozart resucita junto a la seo, más dorada que nunca, más centelleante y engallada, recuperada ya del susto que dejaron en el aire los pájaros metálicos que espiran humo de colores. Andrés Salado respira música y la lanza de un lado a otro: ahora empujo aquí, después abro el brazo para recibir a los invitados de La Boda de Fígaro, me aquieto para que irrumpa el contrabajo. De repente mira al cielo (allí no hay nada a quien mandar..., pero sí...), los vencejos se unen al concierto y sus siiiiies hambrientos se funden, como el aire en el viento, con Nabucco. Pasan como aeroplanos en razia bélica, una y otra vez, encelados por el ruido divino. Los mosquitos buscan el perdedero atacados por los flancos y huelen el refugio esquinado de la piedra. En el camino de huida chocan con las notas de Verdi, que escuecen. Más abajo, hay un mar ondulado, que se agita sobre el arco. Allí va a parar una pareja que se cobija entre el océano negro, cambiante, vivo. Otro se va arriba, hacia el color glauco y acuoso. Allí descansa unos segundos antes de la agitación, del terremoto. Los músicos, que sienten el calor, se engallan con Wagner, se tensan y respiran sincopados, empujando para que el arte suba al cielo. Es un instante, pero al final de una espalda se intuye un tatuaje: ¿una esfera con mensaje? Puede. El baile de máscaras transporta a la concurrencia a la Venecia más sugestiva, más irreal. Verdi resucita y hace el milagro: una nube de emoción vuela hacia la nada y en el camino toca las campanas de la gran torre, que llora las diez. Al concierto se une el crotoreo de una cigüeña despistada que anda a la suyo. Los vencejos se encrespan cuando oyen la urraca ladrona. La música ha vuelto a hacer el milagro. Esto, lo del lunes en la Plaza de la Catedral de Zamora, es la belleza. Escena única. Sinfónica de Castilla y León.

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