Al grano

Miedo

La corrupción solo acabará cuando el delincuente sepa que si la hace la paga

14.04.2016 | 00:46
Miedo

Las sociedades democráticas se mueven por valores positivos (respeto al otro, empatía, derechos humanos, educación, libertad, igualdad, fraternidad...) y también por una pizca de miedo (el ciudadano debe ser consciente de que si no cumple las leyes sufrirá el castigo fijado por una corporación legislativa). Esta última premisa se ha difuminado en España en los últimos años, se ha perdido en el camino del dios enriquecimiento fácil. Muchos ciudadanos se han movido en un magma de impunidad. El que la hace no la paga, ese es el lema -cambiado- no escrito que ha regido en este país -y en otros, pero aquí aún más- en los últimos tiempos. Y las consecuencias son evidentes: corrupción política, corrupción social y corrupción moral en un grado imposible de soportar.

Muchos ciudadanos perdieron el miedo porque el modelo se resquebrajó y una parte considerable de políticos no hizo bien su trabajo y se convirtió en el estandarte más visible del todo vale, estamos en el país de jauja y el que no gane mucho dinero es tonto. El miedo al miedo desapareció, se traspapeló entre la montaña de resplandor que supuso jugar en la Champions económica, sobre todo con jugadores comprados con la deuda que no pagamos y que ahora soportamos y nos hipoteca.

Los papeles de Panamá, la lista enorme de "blanqueadores", las tramas de corrupción y compra de voluntades, con políticos, técnicos, funcionarios y empresarios implicados... son consecuencia clara de ese universo del todo vale, esto es lo normal, si dejas pasar la oportunidad eres tonto.

La regeneración social solo se va a lograr si entre todos conseguimos que vuelva el miedo tolerable al sistema, que el que la haga sepa que, si lo pillan, la va a pagar con creces, que las instituciones funcionen, recuperar el rechazo social a los tunantes.

Un ejemplo: ¿cuándo bajaron las muertes por carretera? Piense. Cuando se impuso el miedo a la multa, a los radares, a la Guardia Civil. Cuando el que la hace, si lo paran, dice para sí: la he cagado. Pues eso.

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